Las personas fanáticas de la guitarra tuvieron este año un gran motivo para celebrar, ya que dos mundos que no eran fáciles de imaginar juntos se unieron en el álbum debut homónimo Smith/Kotzen, donde confluyen Adrian Smith de Iron Maiden y el virtuoso guitarrista Richie Kotzen. El disco fue escrito y grabado en la residencia de Kotzen en California y, según palabras de ambos, fue escrito de manera orgánica y fluida.

Esta conexión se nota desde el inicio y a través del disco, ambos se turnan también en las voces que se sienten salidas del corazón. El resultado es una pieza de alta calidad que va al hueso del hard rock y el blues, donde destaca la incursión -al menos grabada- de Smith, colaborando con una tonalidad de voz acorde a estos estilos, logrando coros muy envolventes en conjunto a la versátil voz de Kotzen.

A lo largo del disco, es muy marcado cuando el riff principal de la canción fue escrito por uno de los músicos y los licks por el otro, pasando del rock clásico a intermedios metaleros que hacen que las nueve canciones que integran la producción se pasen de una manera muy entretenida y con varias sorpresas en el camino.

Abren la ceremonia “Taking My Chances” y “Running”, canciones con riffs muy pegadizos, que la empezarás a tararear rápidamente. Sigue el disco con uno de los puntos más altos de este con el tema “Scars”, cargado de melancolía tanto en la melodía como en la letra, pero con una sensación de oscuridad que cae desde el primer acorde, que van muy de la mano con el videoclip que grabaron, donde evidencian las cicatrices que hay en la relación entre un padre y su hijo.

El disco va mucho más allá que un compilado al azar de estilos diferentes de tocar guitarra, al contrario, todo está integrado de una manera que denota que una parte inspiraba a la otra a medida que se iba creando, por lo que esta aventura musical entre Adrian Smith y Richie Kotzen en ningún momento peca de tratar de mezclar más de lo que un tema puede abarcar, pero aferrándose a un estilo clásico, pero a la vez muy único, del que no tengo recuerdo de haber escuchado en esta década.

La voz del guitarrista de The Winery Dogs pareciera estar mejorando con el paso del tiempo y su versatilidad se consolida por igual. Durante el disco van a poder pasar de escuchar voces que se suman a la serie de transiciones elaboradas maestramente por el dúo, así, dependiendo de la estrofa, nos encontramos con gritos desgarradores que dan pasa a tonos dulces.

“Some People” destaca por una inteligente línea de bajo que aparece en diferentes instrumentos a lo largo de la canción. Le sigue “Solar Fire” que pega con una onda funky y grandes solos de guitarra. En este tema cuentan con la participación del baterista de Iron Maiden, Nicko McBrain, quien le suma un gran toque de energía. Después brincan a “You Don’t Know Me”, que viene a ser una contraparte y quizás la canción más oscura del álbum.

En realidad, cada una de las nueve canciones merece su propia mención, ya que todos los temas muestran diferentes facetas de la composición y el rango de interpretación de Smith/Kotzen. Se nota que la tarea de armonizar las voces y guitarras se dio de un modo relajado, tal como han comentado ambos músicos, se siente como que no había presión y que, en medio de toda la tensión contemporánea, para ambos significó un alivio. El disco pareciera ser en sí mismo un tributo a lo mejor que ofreció la música de los 70 ‘s, 80’ s y 90 ‘s, quien lo oiga tendrá un recorrido nostálgico o podrá familiarizarse en una sola pieza con muchos estilos del rock. Completamente recomendable.

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