El músico británico concretó anoche su novena presentación en nuestro país en el contexto de The Overview, su más reciente trabajo discográfico. El sólido espectáculo se vio potenciado por la petición a los asistentes de no hacer grabaciones con sus teléfonos, aunque no faltaron los porfiados que lo hicieron de todas formas. La jornada comenzó con la presentación de Kafod, una de las agrupaciones chilenas más singulares del panorama actual.
Un acto de apertura único en el mundo
Domingo por la tarde/noche en Santiago de Chile y la sexta visita del artista inglés Steven Wilson ya estaba a la vuelta de la esquina. A eso de las 7:00 PM, sale al escenario Kafod, un proyecto familiar de Carlos Cruz Barros, su esposa Paula Demarco Vergara y su hijo Juan Salvador. Han construido una identidad sonora que se mueve entre la tradición y la exploración, combinando rock y progresivo, con letras que funcionan como núcleo emocional y filosófico de la obra. En canciones como “Habitante”, el grupo transmitió un mensaje de conciencia colectiva y conexión entre los seres humanos y su entorno, con un pulso firme y atmósfera introspectiva. La inclusión de Kafod no fue un gesto simbólico: fue el único acto de apertura en toda la gira mundial de Wilson, un mérito absoluto para los músicos nacionales.
El Movistar Arena se volvió un planetario
Con un retraso poco británico, a las 8:20 PM Steven Wilson y su banda iniciaron su esperado regreso con “Objects Outlive Us”, primera pieza del álbum The Overview. La suite, dividida en siete movimientos, exploró la fragilidad de la conciencia y la espiritualidad vacía de la modernidad, mientras el escenario se transformaba en un planetario: espirales estelares, nebulosas y un zoom que nos llevó desde el cosmos hasta la Tierra, mostrando selvas, desiertos y océanos. Entre imágenes de humo, incendios, ríos contaminados y polos derritiéndose, la experiencia adquirió un matiz ambiental, recordando la impermanencia y belleza efímera de existir. La segunda pista, que da nombre al disco, tradujo la escala del universo en sonido, moviéndose del polvo estelar a la conciencia y de la materia a la nada, mientras los instrumentos orbitaban alrededor de la misma idea: todo lo que existe es pasajero.
Tras un intermedio de veinte minutos, la segunda mitad inició con “King Ghost”, seguido de “Home Invasion” y la sección instrumental de “Regret #9”. Wilson interactuó con el público con humor, presentando a su banda y comentando anécdotas de su carrera. Con su característico sarcasmo recordó que siempre se ha considerado el peor músico en todas las bandas en las que ha estado, aunque se sentía honrado de tocar con artistas tan talentosos. Nick Beggs se lució en el Chapman Stick, combinando líneas de bajo y melodía a la vez, aportando texturas profundas que reforzaron la intensidad de la pieza.
Antes de continuar con “What Life Brings”, Wilson saludó a un fan que sostenía un cartel de cumpleaños y preguntó si alguien más estaba celebrando ese día: varias manos se levantaron, pero él, con buen humor, no “compró” las celebraciones. Este instante cercano con la audiencia iluminó la sala antes de sumergirse nuevamente en la música introspectiva de la canción, entre capas de guitarra acústica y eléctrica y los sintetizadores de la banda.
Luego vinieron piezas extensas y épicas como “Staircase”, donde exploró la tensión entre lo personal y lo social, seguido por “Dislocated Day” de Porcupine Tree y el dueto con Ninet Tayeb en “Pariah”, proyectada en las pantallas. La noche continuó con “Luminol”, “Harmony Korine” y el instrumental “Vermillioncore”, alternando atmósferas introspectivas, psicodélicas y viscerales. Cada transición se acompañó de visuales cuidadas: selvas que respiraban verde venenoso, desiertos que crujían, océanos que lamían costas, y escenas de destrucción ambiental que reforzaban la crítica social de Wilson.
El encore cerró con “Ancestral” y “The Raven That Refused to Sing”, donde luces azules recortaban siluetas mientras Wilson se despedía. Más de dos horas y media que se sintieron como un pulso en la inmensidad del universo: un viaje emocional y visual donde música, proyecciones y humor convivieron en un relato cósmico y terrestre, dejando claro que Chile fue testigo de un espectáculo único en la gira mundial.

