La tarde prometía calma, pero la lluvia decidió otra cosa. Sin embargo, nada de eso detuvo a la fanaticada de Yo La Tengo, que llegó fielmente al Parque de las Esculturas para reencontrarse con Ira Kaplan, Georgia Hubley y James McNew. Era su primer show en Chile desde 2017 y, pese al aguacero inesperado, el ambiente se mantuvo cálido, atento y absolutamente entregado a lo que la banda construye desde hace cuatro décadas: ruido, suavidad y vulnerabilidad en dosis precisas.

El inicio del concierto con un par de minutos de retraso, abrió paso a esa mezcla tan propia del trío: una secuencia contemplativa, guiada por “Green Arrow”, que se expandió con la naturalidad de quienes crean ambiente, no solo canciones. “Sudden Organ” y “Let’s Save Tony Orlando’s House” continuaron el recorrido, reafirmando algo que sería la tónica de la tarde: una presentación pensada para escucharse, más que para celebrarse.

Pero fue en el primer alto, cuando Ira compartió por primera vez con el público, que ocurrió uno de los gestos más memorables de la jornada. Mientras comentaba sobre el inesperado clima, alguien se acercó desde la primera fila con un ramo de flores. Ira se detuvo, sonrió, agradeció y se las entregó a Georgia, recibiendo aplausos de todo el parque.

Georgia, por su parte, dio todo lo que tenía. Apenas tenía voz y aun así cantó, tocó y sostuvo el pulso del show con una entrega evidente. En un momento incluso le pidió agua a Ira para seguir adelante, un detalle mínimo pero muy humano que conectó aún más con quienes estaban atentos bajo la lluvia.

La mitad del set estuvo marcada por una secuencia más ruidosa, donde la guitarra de Ira tomó el protagonismo absoluto. En canciones como “This Stupid World” y “Tom Courtenay”, Kaplan se entregó a un noise abrasivo, distorsionado, casi hipnótico. La banda mostró su faceta más abrasiva, esa que nunca abandonan del todo.

Pero el punto cúlmine llegaría un poco después. Un tema extenso, “Blue Line Swinger”, construido inicialmente desde un teclado repetitivo y una batería sostenida, fue creciendo lentamente mientras Ira trazaba líneas de ruido con la guitarra. La intensidad subía y subía, y justo cuando alcanzó el punto de quiebre, la lluvia volvió a caer con fuerza como si fuera parte del arreglo. Fue un momento épico, accidental y perfecto. Esa mezcla de caos climático y musical dejó claro que Yo La Tengo sigue siendo una banda que hace del azar un aliado.

El encore reforzó el tono íntimo del concierto. Primero un cover de The Seeds, “Can’t Seem to Make You Mine”, un tema aprendido de Alex Chilton (interpretado con el cariño que la banda siempre ha mostrado por sus influencias) y luego una dinámica inesperada: el vocalista le pidió a alguien del público que escogiera entre dos opciones para cerrar la noche. La elección terminó siendo “Speeding Motorcycle”, clásico de Daniel Johnston que el trío toca como si fuera propio. Una despedida cálida, de canto suave y guitarras contenidas, perfecta para cerrar una tarde donde cada detalle construyó una experiencia irrepetible.

Yo La Tengo no llega a imponer nada, llega a compartir. Y en el Parque de las Esculturas, bajo la lluvia, entre ruido y fragilidad, quedó claro por qué sus presentaciones siempre se sienten así: humanas, imperfectas, profundas. Un privilegio para quienes hayan estado ahí.

Produjo: Fauna Producciones.

🎥 Extracto del show de Yo La Tengo en Parque De Las Esculturas

Por Jorge Bolton Lagos

Bioquímico, músico y fanático de la música.

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