Luego de brillar con una interpretación lúdica y carismática junto a 31 Minutos en el Tiny Desk más exitoso en la historia de la NPR, Jani Dueñas presenta un nuevo álbum donde escuchamos un mundo vulnerable, electrónico y oscuro.

“UNO”, el electrizante debut musical de Jani Dueñas, nos presentó una faceta inédita y poética dentro del darkwave. La actriz, comediante y cantante ahora complejiza ese relato con un segundo paso por el estudio que se siente como un verdadero montaje teatral: una historia musicalizada sobre las penurias y goces que transitamos en las múltiples vidas que experimentamos en este paso por la Tierra.

Si en “UNO” la integrante de 31 Minutos se movía en una vereda de inseguridad respecto a la producción, los procesos técnicos e incluso su propia voz, en “Hay que Morir Primero”, su más reciente álbum, toma un rol protagónico: es autora vulnerable y experimental. Una versión poco conocida de la artista, llena de matices intensos, reflexivos y crudos, muy distinta de lo que se escucha en sus trabajos para televisión, comedia y teatro.

Luego de presentar los sencillos “Para No Regresar” y “Llévame”, trabajados junto a Cristóbal Carvajal y Nicolás Alvarado en la producción —colaboradores fundamentales en ambas etapas del proyecto—, el nuevo disco aterriza como un claroscuro de lo que hoy representa Jani Dueñas.

“Es música electrónica dramática, con componentes de mucha emotividad, pero también con una elegancia y una arquitectura muy clara en los ritmos. Hay un par de temas que son más pop, en el sentido tradicional de la palabra, y se unen muy bien con el disco anterior. El resultado quedó en estos beats, esta electrónica hecha con el corazón, desde la carne, desde el alma. Mucha gente lo ve como música hecha con máquinas y programas, sin tanta humanidad, pero llevamos muchas emociones a ese sonido. Ahí la mano de Nicolás Alvarado es fundamental”, cuenta la artista sobre un disco cuyo título es literal y se vuelve evidente por su dimensión mediática.

“Tiene que ver con las etapas de la vida. Parte por mí, pero creo que todo el mundo se puede relacionar con esta idea: hemos muerto y hemos vuelto a vivir. Y digo vuelto a vivir porque no quiero decir vuelto a nacer. No se trata de morir y renacer como el ave fénix, porque se trata de sacarse la chucha contra un árbol, pararse, estar mal y volver a vivir llena de dudas: ¿cómo vivo?, ¿quién soy?, ¿qué rol tengo?, ¿cómo me llamo ahora?, ¿qué hago?, ¿soy distinta o la misma? Ha habido muchas muertes y eso tiene que ver harto con la identidad, casi como personajes, roles, narrativas de mi propia existencia que me he contado o se han contado, que han ido cambiando, pero al final soy la misma. Al final, también es la porfía. Lo único que quieres, cada vez que te mueres, es volver a enamorarte y bailar, porque sabes que te vas a morir de nuevo, pero primero hay que morir para saberlo”.

Un disco para escuchar de principio a fin, en orden y de noche. Seis canciones que hablan de sufrimiento, amor, deseo y pasión. No es resiliencia: es rebeldía. Sentir el viento en la cara como libertad, y también como agobio. Un viaje por la carretera o un trip espacial mental en la discoteca.

“Está bueno para bailar, para sentir. Que la gente sienta lo que quiera y pueda. Es un trabajo íntimo que puede ser muy colectivo; creo que podemos generar una conexión profunda con quien se identifique con la intensidad de estas emociones”, agrega sobre una entrega que se siente como recorrer una edificación nocturna, con habitaciones para llorar, descansar, mover el cuerpo, sacudir el cerebro, anhelar amores y dejar atrás versiones de nosotras mismas que ya no existen.

Esa conexión podrá vivirse en directo el 20 de diciembre, en la jornada de cierre del Centro Perdido, la primera oportunidad de escuchar en vivo las canciones que emergen tras un largo proceso de creación y construcción, en el que Jani Dueñas descubrió nuevas versiones de sí misma: paciencia, perspectiva y magia desde rincones más enigmáticos. Una aventura con más sombra de lo habitual, y ya sabemos que donde hay oscuridad, es inevitable que también haya luz.


FICHA TÉCNICA – “Hay que Morir Primero”

Letra y Voz: Alejandra Dueñas
Música y Arreglos: Nicolás Alvarado
“Para No Regresar” producido por Cristóbal Carvajal, Nicolás Alvarado y Alejandra Dueñas
Mezcla: Cristóbal Carvajal (excepto “Ciervo”, mezclada por Carlos Doerr)
Master: Francisco Holzmann
Arte: Ariel Altamirano
Fotos: Javiera Polvorín

Proyecto financiado por el Fondo de la Música, Línea Producción de Registro Fonográfico, convocatoria 2024.

ESCUCHA “HAY QUE MORIR PRIMERO” EN TODAS LAS PLATAFORMAS

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