La noche del 15 de enero de 2026, el Club Blondie se transformó en una catedral de vanguardia y disonancia. Imperial Triumphant, el trío neoyorquino que ha redefinido los límites del metal extremo, aterrizó en Santiago para ofrecer no solo un concierto, sino una experiencia multisensorial que osciló entre la opulencia art déco y el horror cósmico. Todo esto como antesala al plato de fondo: Cynic.

Desde que las luces se atenuaron, la estética de Imperial Triumphant dictó la atmósfera. Sus icónicas máscaras doradas y túnicas negras resplandecían bajo un juego de luces cuidadosamente diseñado, creando un contraste visual entre la elegancia del oro y la oscuridad del recinto. No parecía un show de rock convencional; se sentía como un ritual místico donde los sonidos tribales se entrelazaban con un caos controlado, ejecutado con la experticia técnica que caracteriza a Zachary Ezrin, Steve Blanco y Kenny Grohowski.

El repertorio fue un recorrido quirúrgico por su discografía, destacando piezas que son ya pilares del género: “Goldstar” y “Lexington Delirium” marcaron el inicio de la inmersión. “Gomorrah Nouveaux” y “Devs est Machina” mantuvieron la tensión rítmica. Mientras que “Transmission to Mercury”, con su atmósfera noir, fue uno de los puntos altos de la noche.

El clímax de la intensidad física llegó durante el solo de bajo, cuando Steve Blanco, como poseído por la misma energía disonante de su música, comenzó a golpear su instrumento de forma errática, llegando incluso a pisar el bajo, extrayendo ruidos industriales que helaron la sangre de los asistentes. Esta agresividad performática subrayó la naturaleza impredecible de su propuesta.

Cerraron la jornada con la potencia de “Chernobyl Blues”, “Hotel Sphinx”, “Industry of Misery” y la apoteósica “Swarming Opulence”.

Imperial Triumphant demostró en Blondie que el metal puede ser sofisticado y primitivo a la vez, dejando a Santiago sumida en un eco dorado de jazz disonante y furia vanguardista.

Créditos a Francisco Aguilar A / @franciscoaguilar.ph

Cynic, la legendaria banda liderada por Paul Masvidal, regresó a Chile para ofrecer una presentación que trascendió lo musical, convirtiéndose en un ejercicio de introspección y gratitud colectiva.

El inicio del concierto fue visualmente cautivador: el escenario se inundó de una densa capa de humo que, combinada con una iluminación de intensos tonos azules, hacía que los músicos se camuflaran entre la bruma, como si emergieran de un plano etéreo. A pesar de la maestría técnica del ensamble, la noche no estuvo exenta de dificultades. Algunos problemas de sonido interrumpieron la fluidez técnica, pero lejos de generar descontento, la respuesta del público chileno fue ejemplar. Con aplausos y vítores constantes, los asistentes blindaron a la banda, transformando los baches técnicos en momentos de conexión humana y apoyo incondicional.

El setlist fue un recorrido exhaustivo por su discografía, destacando clásicos como: “Sentiment”, “Integral Birth” y la icónica “Veil of Maya”. También estuvieron presentes joyas del metal progresivo como “Evolutionary Sleeper”, “The Unknown Guest”, “Celestial Voyage” y Adam’s Murmur”. 

Uno de los momentos más íntimos ocurrió antes de la sección acústica. Paul Masvidal, visiblemente emocionado, reveló un vínculo personal con el país: confesó que tiene familia en Chile, pues la madre de su padre era chilena. “Me siento como en casa”, declaró, desatando una ovación que estrechó aún más el lazo con la audiencia.

Luego de la excelente “The Space for This”, llega la sorpresa de la noche: “Wheels Within Wheels” y “Cosmos”, interpretadas por primera vez en nuestro país. Paul señala que quería interpretar estas canciones con guitarra acústica, pero que las tocará con su guitarra eléctrica, lamentablemente fue en este momento que su guitarra tuvo problemas técnicos, pero aún así el público escuchó atentamente la interpretación.

Fiel a su filosofía de bienestar, antes de interpretar “Textures”, Paul guió a los presentes en una pequeña clase de estiramientos, similar a una sesión de yoga, invitando a todos a conectar con su cuerpo antes de la descarga final. Y así fue, un cierre demoledor con “Textures”, “I’m but a Wave to…”, la agresiva “Uroboric Forms” y la emotiva “How Could I”.

Cynic demostró que, más allá de la técnica impecable, su música es un refugio espiritual que en Santiago encontró su hogar definitivo.

Créditos a Francisco Aguilar A / @franciscoaguilar.ph

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