Cada visita de Dark Tranquility a nuestro país se ha convertido en una fiesta. Con el reciente deceso de Tomas Lindberg (vocalista de At the Gates), Mikael Stanne se posiciona como uno de los referentes más importantes del movimiento del death metal melódico que vio la vida en Gotemburgo. Es por eso que la fanaticada de esa corriente sonora se congrega cada vez que la banda sueca vuelve a nuestro país y entregan el alma en cada canción, riff y disparo de la batería. Exactamente eso fue lo que se vivió la noche de ayer en el Teatro Cariola. Solidez, trayectoria y death metal melódico de primera división.

La tarde estaba calurosa, pero el cambio de quincena se hizo notar en nuestra capital. Las calles estaban tranquilas y el metro no parecía una fábrica de salchichas en la hora punta. Llegamos a eso de las 19:30 al local de San Diego. Para sorpresa nuestra, ya habían unas 300 personas esperando el sonido doom de Blackflow, banda nacional que sería consorte de Dark Tranquility esta noche.

Fotografías: Cristian Carrasco @crisrock_photography

Eran las 20.00 y los chilenos se tomaron las tablas del teatro. Iniciaron golpeando lento y devastador, como una avalancha de nieve que poco a poco atropello a cada uno de los asistentes. Muy buena puesta en escena. La banda lanzó una tras otra sus canciones, que viajan entre el doom metal, y la gente los recibió con entrega y sincero aprecio.

El quinteto, sin ningún temor, mostró su show preparado al detalle, donde Víctor Prades, su vocalista, se paseaba cómodo en el escenario disfrutando del increíble colchón sonoro que Miguel Canessa, Víctor Silva, Frane Franulic y Felipe Vuletich le entregaron en cada track. Muy buena banda. Gran directo. Esto partió genial.

Fotografías: Cristian Carrasco @crisrock_photography

A las 21:00 puntual, Dark Tranquility salió a reencontrarse con el público de Chile, que sin duda, ama la competencia de ser una de las mejores audiencias del metal en el mundo. Ayer lo demostró. Coreando cada canción, cada riff. Sin respetar ningún silencio de la banda, entregándoles el cariño de una familia que ama ese sonido que nació a comienzos de la década de los 90’s en Suecia, y que año a año va ganando fieles seguidores por todo el mundo.

Ayer se vió así. Hombres y mujeres de todas las edades entregados, y Mikael y sus compañeros que no decepcionaron. Contundentes, sólidos e irrefutables. Dark Tranquility es una institución del metal

Arrancando con “Punish My Heaveny “Edenspring”, no hubo pérdida de tiempo. Abrieron con los clásicos que definieron el sonido melódico y técnico del death metal sueco. Luego empezó el viaje más introspectivo y emocional con “Lethe”, “The Emptiness From Which I Fed” y “The Dividing Line”. Groove y melodía. Dark Tranquillity no es sólo velocidad, sino riqueza sonora y atmósferas envolventes.

Los suecos van recorriendo su histori,a y en cada track, Mikael se conecta con Chile. Acercando y saludando a todos los que alcance. La gente responde con un feroz “Dark Tranquility” y el show continúa. “One Thought”, “The Endless Feed” y “Through Smudged Lenses”, el show mantiene un balance entre técnica y emoción. “My Negation“, “Lost to Apathy” y “ThereIn”, donde la energía se siente en el cuerpo, no solo en los oídos.

Pasamos la hora y cuarto de show y aún no se veía ni cansancio en el público ni en la banda. DT nos trajo al presente con su nueva propuesta. “Atoma”, “Not Nothing”, “Terminus (Where Death Is Most Alive)”, “Phantom Days”, “Misery’s Crown”. Pura densidad moderna, más groove, melódico y maduro. Y broche de oro, rindieron homenaje a Tomas Lindberg e hicieron el cierre definitivo con “Blinded by Fear”, cover de At the Gates. Una declaración de amor por el death metal melódico y la época en que junto a In Flames conformaron la pirámide sonora que posicionó a Suecia en los más altos estándares del metal mundial. Definitivamente un cierre potente y emotivo para la tribu chilena. 

Con el cuello cansado caminamos al metro, y mientras en fila descendimos las escaleras, pudimos ver el rostro de las distintas generaciones que asistieron al Teatro Cariola anoche. Todas esas caras llevaban una sonrisa gigantesca. Definitivamente valió la pena. Que buena jornada de metal. Así nos despedimos. Nos vemos en otro show. 

 

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