Hablar de Manu Chao es referirse a una institución musical. Desde sus comienzos en los tempranos años de la década de los 80 con su proyecto Joint de Culasse, Manu fue construyendo una ruta donde fusionó desde el rock & roll hasta el hardcore punk, el reggae y la rumba. Un crossover alternativo que lo posicionó en los 90s con su banda Mano Negra, como un referente en nuestro continente, a pesar de venir de Europa.
Con toda esta trayectoria a sus espaldas y con la responsabilidad que para él ha implicado el apoyo a causas sociales y medioambientales, Manu Chao recorrió nuestro país este verano, visitando Valparaíso, Concepción y por supuesto nuestra capital, en donde la noche de ayer fue su última presentación oficial y que definitivamente fue una fiesta acústica que dejó muertos de envidia a todos los empaquetados shows de la muerta cadena de videoclips MTV.
La jornada se realizó en el ya clásico Teatro Coliseo ubicado frente al palacio de gobierno de nuestro país. Un lugar ideal para gritarle en la cara a los poderosos y sus estrategias de desarrollo insostenibles que nos han empujado a vivir uno de los momentos más críticos de las últimas décadas. Tanto por la decadencia política, el calentamiento global y el regreso de prácticas autoritarias que parecían olvidadas en algún panfleto de manual de las Escuelas de las Américas. Una olla de presión que vuelve toda la música del franco español completamente vigente, viva y fundamental.
A eso de las 20 horas, Benjamín Berenjena salió con su guitarra de palo como única arma al escenario y sin dudarlo incendió todo con su voz y su sonido folk de cantautor que recorría sus canciones aderezadas con estribillos afamados. Conectado con la audiencia. Demostrando que la actitud y una guitarra son muchas veces la verdadera esencia de lo que ser rockero representa. Un poco más de 35 minutos de música y definitivamente un comienzo perfecto para una larga jornada. ¡Muy buena energía Benjamín!
Como es tradicional en las presentaciones de Manu hubo un espacio para que distintas organizaciones de derechos humanos salieran a expresar y visibilizar sus causas. En esta ocasión en primera instancia fue por el genocidio en Palestina y luego un espacio para las familias de los detenidos políticos del pueblo mapuche. Un espacio que sirvió para emocionar y provocar reflexión en la audiencia. Emotivo y conmovedor.
Pasadas las 21 horas comenzó el show. Con un baúl de más de 40 años de trayectoria convertida en canciones Manu Chao salió al escenario del Teatro Coliseo. Con una sonrisa en su rostro y como versión acústica. Acompañado en primera instancia por solo 3 músicos y un computador, con el cual disparó las secuencias habituales que construyen su universo sonoro. Un percusionista, un guitarrista (Willy Bronca), rapero argentino quién fue el encargado de detonarlo con sus rimas incendiarias.
Un show que se extendió por más de 2 horas y media y que definitivamente llegó a los corazones de los asistentes quienes se entregaron por completo al baile y corearon cada hit como si fuera el himno de su propia historia. El ciudadano del mundo conectó con la gente, los dirigió y los hizo sentir queridos y con esperanza. A pesar de que en esta visita su tono habitual relajado se vio empapado de su actitud más punk y contracultural. Disparando contra Washington y su imperialismo.
“Déjenme tocar una más”, fue la frase que se repetía en cada regreso que hizo el artista al escenario. Acompañado por una sección de bronces chilombiana que a mitad del show se sumó al jolgorio y que participaron como la pirotecnia necesaria para orquestar la noche como una fiesta iluminada por un rayo de ilusión y esperanza.
Así un show que podría parecer eterno se convirtió en una sola canción que repetía mágicamente en loop mántrico que convenció, encantó y se disfrutó. Nadie se fue antes, todos lo dimos todo. Una jornada redonda que se uniformó con camisetas con una mano negra en el pecho, la cancha y las calles. Y que sirvió para que Manu Chao, el Clandestino, se despidiera de nuestro país a lo grande. Dejándonos la última rola retumbando en la memoria. Así nos fuimos en una fila gigante de personas caminando por la Alameda, que seguían bailando.
Hasta la próxima y no te pierdas los detalles de ningún show aquí en Rock Legacy ¡Nos Vemos!
Produce: Transistor

