Fue una jornada redonda en el Teatro Cariola. El día de ayer, 4 de febrero, la atmósfera de anticipación por Weather Systems encontró el maridaje perfecto en el rock progresivo de Crisálida, quienes no solo cumplieron con el rol de teloneros, sino que se adueñaron del escenario con la propiedad que les dan sus décadas de trayectoria.

La banda nacional ofreció un setlist equilibrado que sirvió como un puente perfecto entre la fuerza del metal progresivo y la delicadeza melódica. La noche comenzó con la poderosa “Cabo de Hornos”, un clásico que de inmediato estableció la tónica de la velada: un sonido robusto y la voz impecable de Cinthia Santibáñez liderando el viaje. Sin perder el impulso, la banda se sumergió en su material más reciente con “Destino” y “Küntur”, piezas de su último disco Niños Dioses. En estas canciones, el grupo demostró una madurez compositiva envidiable, donde los pasajes técnicos nunca opacan la emoción.

Tras una calurosa recepción, la banda se tomó un momento para agradecer al público del Cariola. Fue aquí donde ocurrió uno de los momentos más memorables y humanos del show: Cinthia invitó a la audiencia a cantarle el “Cumpleaños Feliz” al guitarrista. El teatro entero se unió al coro, transformando el rigor del concierto en una celebración íntima y familiar.

El bloque final fue una demostración de potencia pura. Tras interpretar “Morir Aquí”, Crisálida se volcó de lleno a cerrar su presentación con tres cortes de su última placa: “Si Digo Adiós”, con una carga emocional que preparó los ánimos para la melancolía que vendría más tarde en la noche. “El Niño del Plomo”, una pieza que resalta por su identidad lírica y cultural. Y “Volcano”, el cierre perfecto, explosivo y expansivo, que dejó al público en el punto exacto de ebullición.

Fotografías: Rubén Gárate (@brutal_pebre_)

Lo que vivimos luego, fue una ceremonia de sanación, resiliencia y comunión absoluta. Bajo el nombre de Weather Systems, Daniel Cavanagh regresó a Chile para demostrar que, aunque los nombres cambien, el alma de su música sigue intacta y vibrando con una intensidad casi abrumadora.

Desde el inicio con “Deep”, el ambiente se cargó de una nostalgia eléctrica. Era el primer guiño al legado de Anathema, pero la noche tenía un propósito claro: presentar el nuevo universo de Ocean Without a Shore”. Canciones como “Still Lake”, “Synaesthesia” y “Do Angels Sing Like Rain” demostraron que el nuevo material tiene la misma densidad emocional que los clásicos, preparando el terreno para el regreso a la melancolía de “Springfield”.

Uno de los momentos más íntimos ocurrió cuando Danny explicó el origen de “Are You There Part 2”, una secuela que caló hondo en los asistentes. Sin embargo, la noche presentó un desafío: Cavanagh aún se encontraba afectado de su garganta. Fue aquí donde la banda demostró su cohesión; el bajista André Marinho y la talentosa Soraira Silva no solo fueron coristas, sino el pilar vocal que sostuvo la interpretación, permitiendo que clásicos como “A Simple Mistake” y una hipnótica “Closer” hicieran retumbar el teatro con un público que coreó cada sílaba.

Antes de cerrar la primera parte con “Flying”, ocurrió algo inédito. Danny pidió el apoyo del público para el coro, pero la fanaticada chilena, conocida por su ímpetu, se adelantó y comenzó a cantar a todo pulmón antes de que la música siquiera arrancara. La reacción de Danny fue de total asombro: visiblemente emocionado, confesó que en toda su carrera nunca había experimentado algo así. Ese momento de conexión pura borró cualquier distancia entre el artista y su gente.

Fotografías: Rubén Gárate (@brutal_pebre_)

La segunda parte comenzó con la tensión de problemas técnicos en la pedalera de Danny. Lejos de arruinar el ritmo, este bache nos regaló un momento de genialidad: una interpretación improvisada de la “Sonata para piano N° 14” de Beethoven, convirtiendo la espera en un interludio de elegancia clásica.

Lo que siguió fue el clímax emocional de la noche: la trilogía “Untouchable part 1, 2 & 3”. Soraira Silva fue la gran revelación: su entrega fue tal que terminó emocionada hasta las lágrimas. Su generosidad no tuvo límites, llegando a bajar a la cancha para saltar y abrazar la energía de los fans, rompiendo la cuarta pared del escenario.

Fotografías: Rubén Gárate (@brutal_pebre_)

La banda nos sacudió con un potente cover de “Wherever I May Roam” de Metallica, para luego entregarnos un regalo fuera de guion: “A Natural Disaster”, una pieza que no había formado parte de la gira y que cayó como una bendición acústica sobre el Cariola.

El cierre no podía ser otro que “Fragile Dreams”. El himno del álbum “Alternative 4” desató la última dosis de adrenalina, dejando en claro que, a pesar de los problemas de salud o los desperfectos técnicos, la música de Cavanagh y la pasión del público chileno son, efectivamente, intocables.

El show duró casi 2 horas y 30 minutos, con un Danny que también bajó del escenario en el final de “Fragile Dreams”, con guitarra incluida, para celebrar uno de los mejores espectáculos de su nueva banda. Sin duda esto será la antesala de muchas visitas de la banda a nuestro país y realmente esperamos que así sea, ya que la calidad demostrada fue realmente increíble. 

Fotografías: Rubén Gárate (@brutal_pebre_)
Fotografías: Rubén Gárate (@brutal_pebre_)