Si algo ha demostrado SHAME a lo largo de su catálogo es que nunca permanece demasiado tiempo en un mismo lugar y su presentación ayer confirmó que esa incomodidad permanente también forma parte de su identidad en vivo.

La noche comenzó con Hesse Kassel, quienes tuvieron la difícil tarea de abrir para una de las propuestas más interesantes del post-punk contemporáneo, pero de sentirse intimidados por el desafío, los nacionales aprovecharon cada minuto sobre el escenario, haciéndole honor a esa reputación cada vez más sólida dentro de la escena local. Su presentación fue limpia, segura y ejecutada llena convicción, permitiendo que las canciones explotasen rápidamente su conexión con el público, la que se construyó de forma orgánica, los acompañaron en los momentos más intensos, entregando una recepción que pocas veces se observa para una banda encargada de abrir una jornada de estas características.

Galería | Shame: Hesee Kassel en Club Chocolate

Pero cuando llegó el momento de los británicos, la temperatura de la sala cambió de inmediato, SHAME siempre ha sido una banda particularmente física y eso nos quedó clarísimo anoche en el Club Chocolate. Si sus discos pueden explorar distintas emociones, distintas estructuras o incluso distintas formas de entender su propia identidad artística, la sensación de que las canciones necesitan ser habitadas con el cuerpo, es algo que tienen en común en su formato en vivo y físico. En ese sentido, Charlie Steen asumió el rol de catalizador absoluto de la energía del venue,  presentándose como una fuerza impredecible que recorre constantemente el escenario buscando nuevos puntos de contacto con la audiencia, iba de un extremo a otro, se inclinaba sobre las primeras filas, gesticulaba, corría, observaba cada reacción y transformaba incluso los momentos más pequeños en oportunidades para aumentar la intensidad de la experiencia colectiva.

Galería | Shame en Club Chocolate

Lo notable es que esa energía no surge del ego, ya que no es un frontman intentando encerrar toda la atención, Al contrario, Steen parece entender que su función consiste en eliminar cualquier barrera posible entre banda y su público, convirtiéndose en una especie de intermediario entre ambas fuerzas. A su alrededor, el resto de la banda respondió con una intensidad igualmente contagiosa. Todos los músicos parecían impulsados por la misma necesidad de movimiento que ha definido a SHAME durante los últimos años. Saltaban, recorrían el espacio a su antojo y ejecutaban con una fuerza demoledora que jamás dio señales de agotamiento, quizás ahí reside una de las mayores virtudes como banda en directo. 

Después de algunos discos y varios años recorriendo escenarios de distintos tamaños alrededor del mundo, sería fácil caer en ciertos automatismos, pero por el contrario, durante todo el espectáculo se respiraba una sensación constante de riesgo, de espontaneidad y de esa furia que nos gusta como público chileno. Los mosh-pits comenzaron a aparecer con rapidez y permanecieron presentes durante buena parte del concierto, pues la energía circulaba en ambas direcciones.

Uno de los momentos más memorables de la noche llegó cuando una fan logró subir al escenario, pero no interrumpió para nada la dinámica del concierto, de hecho, fue el propio Charlie Steen quien la invitó a lanzarse sobre la multitud para realizar crowdsurfing, provocando una de las mayores ovaciones de la jornada, resumiendo perfectamente el espíritu de la presentación. La cercanía del recinto permitió apreciar detalles que probablemente se perderían en espacios más grandes, cada reacción de los fanáticos tomaba una dimensión distinta gracias a la intimidad del lugar y al mismo tiempo, la capacidad del recinto era suficiente para que el desborde colectivo alcanzara niveles verdaderamente explosivos cuando las canciones lo requerían.

Ya durante el final, tras varias pausas para hablar del público y mientras interpretaba “Cutthroat”, Steen decidió lanzarse sobre el público durante los últimos minutos del concierto, el gesto funcionó como mucho más que un cierre espectacular. Fue la conclusión lógica de todo lo que había ocurrido durante la noche. Después de años reinventándose, llegaron a Chile para demostrar que esa búsqueda permanente no termina cuando se apagan los amplificadores o se abandona el estudio, también ocurre sobre el escenario y eso forma parte de su identidad. O quizás, como sugiere toda su trayectoria, esa negativa a permanecer quietos es la única identidad que realmente les interesa.

Revisa el setlist del concierto acá:

  1. Axis of Evil
  2. Concrete
  3. Tasteless
  4. Cowards Around
  5. Nothing Better
  6. Fingers of Steel
  7. Six Pack
  8. Alphabet
  9. Quiet Life
  10. Lampião
  11. Born in Luton
  12. Adderall
  13. Water in the Well
  14. Spartak
  15. Snow Day
  16. One Rizla
  17. Cutthroat

Produjo: Stgo Fusión