Un show de metalcore se distingue esencialmente por la fuerza de sus instrumentos y la respuesta física que genera en la gente: mosh pits, circle pits y saltos desenfrenados. Eso fue precisamente lo que se vivió este domingo 23 de agosto en el Teatro Coliseo, recinto de la calle Nataniel Cox que recibió a Blessthefall y Memphis May Fire en el marco de su “Shapeshifter World Tour”, desatando la euforia de una fanaticada mayoritariamente joven.
Blessthefall: La apertura con espíritu de cabeza de cartel
Sin teloneros locales en la nómina, la jornada arrancó puntual a las 20:00 horas. Blessthefall saltó a escena para romper la tranquilidad con “You Wear a Crown But You’re No King”, desatando una respuesta inmediata en la cancha.
A medida que avanzaba el set de los oriundos de Arizona, la conexión con la audiencia fue en constante ascenso. Gran parte del mérito recayó en su vocalista, Beau Bokan, quien ejerció como un verdadero director de orquesta al incentivar permanentemente los pits y los coros. La cercanía fue tal que el cantante no dudó en ponerse una camiseta de Colo Colo que le lanzaron desde el público, un gesto simple pero significativo.
Durante casi 50 minutos, Blessthefall demostró que no venía a cumplir un mero papel de apertura. Con momentos álgidos de la mano de “Hollow Bodies”, “Venom”, “Promised Ones”, “Wake the Dead” y la aclamada “Hey Baby, Here’s That Song You Wanted”, la banda ofreció una presentación contundente. El entusiasmo llegó a tal punto que el bajista y vocalista Jared Warth terminó haciendo crowd surfing sobre la multitud. Salvo por un volumen excesivo en la mezcla —problema que persistiría durante la noche—, la agrupación dejó la vara muy alta.
Memphis May Fire: La apuesta por el presente
A las 21:30 horas fue el turno de Memphis May Fire, cuya propuesta estuvo articulada en torno a su más reciente álbum, “Shapeshifter” (2025), y su antecesor, “Remade in Misery” (2022). El inicio con “The Sinner” y la posterior “Vices” sirvieron como eficaces puentes con el repertorio de la década pasada. A partir de allí, el grupo se enfocó en su faceta actual con un bloque dominado por temas como “Paralyzed”, “Shapeshifter”, “Bleed Me Dry”, “Somebody”, “Misery”, “Left for Dead”, “Infection” y “Overdose”.
En lo técnico, el quinteto lució afiatado. Matty Mullins cumplió de buena forma alternando voces limpias y guturales, a pesar de breves imprecisiones de afinación en los pasajes melódicos. Sin embargo, el punto débil de la noche estuvo en el sonido: por momentos, la mezcla se convirtió en una bola de ruido saturada. En recintos como el Teatro Coliseo, la acústica suele castigar la obsesión del género por subir los decibeles a niveles molestos buscando proyectar mayor pesadez.
En el apartado visual, la banda apostó por la sobriedad: una pantalla gráfica central y un juego de luces dominado por tonos rojos y oscuros que encajaban con la atmósfera del show. Pasajes con “Somebody” y “Left for Dead” lograron hacer despegar el concierto, dando paso tras “Versus” a un cierre definitivo de la mano de “Miles Away”, “Blood & Water” y “Chaotic”.
Si bien la efervescencia general bajó un peldaño en comparación al show previo —producto de un setlist centrado en material reciente más que en grandes clásicos—, es valorable que la banda decidiera respaldar con convicción su trabajo actual.
En balance, la jornada cumplió las expectativas. La puntualidad de los horarios —con un cierre cercano a las 22:40 horas— fue muy agradecida por el público en una noche de domingo, coronando una intensa velada de metalcore en la capital.

