En la música nacional e internacional siempre hay conciertos y presentaciones que quedan en la memoria popular, así como hay eventos que, en un perfil menor, se transforman posteriormente en leyendas, habitaciones doradas de la memoria donde se refugia la mente para volver a una circunstancia especial y probablemente irrepetible. Así han existido instancias míticas difícilmente repetibles, como pudo haber sido la presentación de Turnstile en Basel en el año 2024 antes de volver transformados en absoluta leyenda en nuestro país para el cartel de Lollapalooza 2026.

Algo nos dice que la presentación de Landmvrks anoche en Sala Metrónomo tiene una seria posibilidad de transformarse en un recuerdo de similar calidad. Una banda ícono del metalcore actual, que se extrae de la escena europea, con éxito absoluto en giras dentro de Europa y Estados Unidos, agotando algunos de los recintos más icónicos de su país y otras naciones europeas, cayendo en la intimidad de la Sala Metrónomo y su buen sonido para un grupo de fanáticos que exhibirá esta instancia como un recuerdo profundamente memorable.

Desde temprano se agolparon personas para una Sala Metrónomo casi a tope, que con un retraso de 30 minutos vio la salida de la banda francesa. La demora tuvo su compensación en una energía explosiva difícilmente empatable de un grupo que estaba coronando una gira latinoamericana totalmente exitosa.

Los marselleses mantuvieron intacto el setlist de la gira por la región y abrieron con la increíble “Creature”, principal single de su último álbum “The Darkest Place I’ve Ever Been”, que se atrevió a profundizar en el rap en francés, mientras que explosivos riffs acompañaron el cambio al inglés. La explosión energética es demoledora y las gotas de transpiración en el público son testimonio de poca ventilación, pero también de un público que no puede menos que devolver la entrega absoluta de los cinco de Marsella.

La banda continúa el set con “Death”, en un perfecto encadenamiento entre los tres últimos discos y sus respectivos éxitos. La invitación de la banda es a abrirse en espacios de mosh y energía mientras que ellos mismos lo replican sobre el escenario. Comentan que es su primera vez en el país, mientras que los sorprende el “ole, ole, ole, Landmvrks”.

Luego de “Blistering” y de “A Line in the Dust” vino “Sulfur”, donde Florent Salfati le pidió al público que se dividiera en dos. El público no parecía necesitar que le motivasen para manifestar más energía; sin embargo, los llamados del vocalista encontraron eco rápido en un público sin tapujos para disfrutar la singular ocasión. En la siguiente canción, “Say No More”, Salfati volvió a lucirse, puesto que muestra la absoluta versatilidad de su voz, comenzando por un rap veloz en inglés, para moverse entre él y los gritos propios del estilo que exhiben, llegando incluso a la guturalidad, en una propuesta absolutamente excelsa de capacidades vocales.

En el paso de la noche se dirigen al público en varias ocasiones para agradecer la recibida y manifestar su sorpresa por una cálida acogida tan lejos de casa, con lo que procede a anunciar “Scars” y pedir el salto de toda una audiencia que obedece entusiasta. Para la siguiente ocasión, “Suffocate”, Salfati toma la guitarra en solitario sobre el escenario para entrar en una etapa melódica que vuelve a comprobar sus capacidades vocales en múltiples formas, lo que el público vuelve a acompañar con pasión. El ritmo lento se mantiene parcialmente con “La Valse Du Temps”, que, luego de amables melodías en francés, cambia radicalmente al sonido duro de la canción. “Lost in a Wave” es acompañado de sincrónicas palmas y espaciosos mosh pits. “Rainfall” continúa en los sonidos pesados, pero es acompañada igualmente de capacidad gutural, que vuelve a encender al público en una sintonía de brutalidad, abriendo los espacios de la Sala Metrónomo, que se comprobaba nuevamente adecuada para la calidad sonora de Landmvrks, que encontró ahí incluso un mejor espacio que el que hubiese sido el Teatro Coliseo.

Hacia el cierre de la noche llega “Blood Red” del último álbum, con líricas nuevamente en francés e inglés, mezclando emocionalidad y guturalidad en una sola canción, mostrándose como probablemente la más ecléctica de sus piezas, recorriendo estilos, melodías y capacidades a través de ella. Con ella se ingresa en el camino hacia el final; los agradecimientos de la banda anuncian el cierre que se abre a través de la brutalidad de “Requiem” y una ampliamente coreada “The Darkest Place I’ve Ever Been”, canción que le da nombre a su último álbum.

“Self-Made Black Hole” es la canción elegida para cerrar el concierto, al igual que en toda la gira latinoamericana, pero esta vez sirviendo para darle punto final a todo dicho proceso. La banda se despide agradecida, esperando volver, dando cariño al público, de cuyo bienestar se preocuparon en todo momento, incluso cuando algunas personas mostraron algún malestar.

Hacia el cierre del concierto, la calidad de este, humana y musical, deviene en el deseo tácito de todos los presentes por un futuro donde Landmvrks vuelva a nuestro país, presentando nuevamente una noche de absoluta calidad. Mientras el show de la noche de ayer sea un recuerdo místico de calidad absoluta, habita en los presentes la seguridad de que este espectáculo debería volver a Chile en un espacio mayor, donde se reconozca la potencia de un grupo que probablemente recibirá pronto el reconocimiento que su magnitud merece.

Galería | Landmvrks en Sala Metronomo