El 8 de octubre, Sepultura regresó al Teatro Coliseo para celebrar más de cuatro décadas de historia antes de bajar “definitivamente” el telón. “Celebrating Life Through Death” no llegó como un funeral, sino como una última descarga de gratitud, resistencia y metal sudamericano. Cada riff tuvo el peso de una despedida, pero también la fuerza de una banda decidida a dejar su legado ardiendo sobre el escenario y en la memoria del público chileno, donde convergieron metaleros de la vieja escuela y adolescentes que comienzan a sentir la crudeza y brutalidad en la música de Sepultura.
La jornada comenzó con Mawiza invocando una fuerza ancestral. “Mür” encendió al Teatro Coliseo desde el primer minuto mediante percusiones ceremoniales, voces en mapudungún y una atmósfera cargada de misticismo. Quienes esperábamos la salida de Sepultura encontramos mucho más que una banda encargada de abrir la noche. Presenciamos uno de los proyectos más representativos del metal de raíz nacido en este territorio. Mawiza combina la violencia del metal con instrumentos, cantos y relatos ligados a la cosmovisión mapuche, convirtiendo cada canción en una defensa de su lengua, su historia y su relación con la naturaleza. El público recibió aquella identidad con respeto, coros y una multitud inquieta, hasta que su cover de “Battery”, terminó de romper la tensión del teatro. El primer gran mosh encendió la cancha y preparó al público para una noche donde distintas raíces sudamericanas convertirían el metal en resistencia.
Después de que “War Pigs” y “Polícia” aumentaran la tensión, Sepultura apareció y el recinto dejó de ser un teatro para transformarse en una gran tocata de thrash metal como en los viejos tiempos. La batería de Greyson Nekrutman cayó como una artillería pesada, Andreas Kisser levantó riffs demoledores, Paulo Jr. sostuvo el peso desde el bajo y Derrick Green comandó un público que no dejó de saltar, cantar y chocar entre sí. “Inner Self” abrió las viejas heridas con thrash sin concesiones, “All Souls Rising” confirmó la potencia del presente, “Desperate Cry” hizo respirar oscuridad entre sus cambios, “Kairos” avanzó con una pesadez agresiva, y “Means to an End” aplastó el Teatro Coliseo con una precisión moderna.
“Attitude” soltó su rebeldía tribal, “Against” convirtió la cancha en un combate sin tregua y “Choke” apretó las garganta con su melodía asfixiante. Antes de “The Place”, Kisser presentó la composición como una canción nueva y agradeció al público chileno por acompañar a Sepultura durante cada etapa de su carrera. El tema sonó como una declaración de vigencia, recordándonos que esta despedida no vive únicamente de nostalgia.
Entonces llegó “Escape to the Void”. Andreas la anunció como un viaje hacia la época más antigua y thrashera de la banda, y el Coliseo respondió con una descarga salvaje. Sus riffs retorcidos recuperaron la crudeza de “Schizophrenia”, mientras cada golpe de batería parecía empujar a los fanáticos hacia un vacío sin salida. Escucharla en vivo fue sentir cómo 1987 irrumpía en el presente con la misma ferocidad de entonces.
“Kaiowas” cambió la violencia por ceremonia. Mawiza regresó para tocar los bombos junto a Sepultura, construyendo una comunión entre pueblos, raíces y creencias. “Dead Embryonic Cells” volvió a acelerar la brutalidad del show, “Convicted in Life” descargó su condena sin respiro, y “Beyond the Dream” abrió una tensión densa antes del bloque más esperado.
“Territory” revivió la denuncia contra las guerras territoriales, la propaganda y los líderes que dividen a los pueblos para conservar el poder. Su videoclip reforzó ese mensaje al llevar a Sepultura hasta Israel y Palestina, donde la banda registró imágenes de soldados, comunidades religiosas y territorios marcados por el conflicto. Más que tomar partido, aquella acción buscó mostrar el costo humano de la disputa por la tierra y la posibilidad de convivencia entre culturas enfrentadas.
En el Coliseo, su ritmo tribal, las guitarras y cientos de voces cantando transformaron el recinto en una protesta colectiva sin conceder tregua, “Refuse/Resist” detonó inmediatamente después, su pulso inconfundible hizo temblar la cancha y el grito del público se convirtió en una expresión masiva de resistencia frente a la represión y el abuso de la autoridad. Fue uno de esos momentos en que la canción ya no se escucha desde afuera, sino que se vive desde su interior.
En “Slave New World”, las bengalas iluminaron el mosh y tiñeron de rojo una escena de caos hermoso. “Arise” llevó la velocidad al límite, desatando cabeceos y empujones ante uno de los ataques más feroces del repertorio. Aquí no existió espacio para contemplar el pasado, donde el clásico sonó vivo, peligroso y dispuesto a seguir destruyendo cuellos. Tras el solo de batería, “Ratamahatta” reactivó el pulso salvaje y condujo la ceremonia hacia su último estallido.
“Roots Bloody Roots” cerró la masacre con todo el Coliseo rugiendo una frase que ya pertenece a la memoria del metal. El mosh se desbordó, los fanáticos saltaron por última vez y Sepultura se despidió dejando la vara altísima para su segunda presentación del 9 de octubre. No hubo tristeza, sino gratitud, sudor y la certeza de haber presenciado el final de una era. Después de más de cuatro décadas, comprendimos que una banda puede abandonar los escenarios, pero nunca la vida de quienes aprendimos a resistir con sus canciones.
Setlist
- Inner Self
2. All Souls Rising
3. Desperate Cry
4. Kairos
5. Means to an End
6. Attitude
7. Against
8. Choke
9. The Place
10. Escape to the Void
11. Kaiowas
12. Dead Embryonic Cells
13. Convicted in Life
14. Beyond the Dream
15. Territory
16. Refuse/Resist
17. Slave New World
18. Arise
Encore:
19. Drum Solo
20. Ratamahatta
21 Roots Bloody Roots

