Gritar para celebrar, para expresar amor, enojo, miedo, pena. Gritar para decir, para no caer en la indiferencia, para sacar afuera todo eso que se nos acumula en el cuerpo si lo callamos. Desde ese impulso nace “Aprender a gritar”, la segunda entrega de Gaspar Gaspar, un trabajo que convierte las emociones a flor de piel, las contradicciones y las inquietudes de la vida en la ciudad en canciones cargadas de energía, rebeldía y movimiento.
“Tu linda carita” abre el disco como quien abre una ventana a un mundo interior en plena ebullición. A través de una especie de corriente de la conciencia, pensamientos, recuerdos y sentimientos se entrelazan en un flujo que avanza con furia y ternura, sin pedir permiso, dejando aparecer imágenes, anhelos, miedos. “Darse cuenta de que no quiero morir. Déjenme vivir. Estoy bien así”, canta –o grita– el compositor, con la voz saturada, como si en ese desborde encontrara una manera de aferrarse a la vida.
“Para mí, aprender a gritar es aprender a habitar la vida de una forma más vívida, consciente y honesta. Cuando uno grita de verdad no está pensando en cómo hacerlo: es un acto de liberación impulsivo y animal, que sale porque algo te provoca. Hay momentos en que la vida te sobrepasa, te pega con fuerza, para bien o para mal, y tenemos que aprender a lidiar con eso. La propuesta es canalizar esa energía de manera impulsiva y honesta, pero consciente, y que el grito se vuelva una acción movilizadora”, detalla José Miguel Donoso, nombre real de Gaspar Gaspar, sobre el concepto del álbum.
En seis canciones producidas junto a Nico Roa, “Aprender a gritar” despliega un sonido que viaja entre el indie, el pop y el rock, con guitarras eléctricas, bajos y sintetizadores que construyen un repertorio lleno de melodías coreables y dueño de una energía intensa y dosmilera –muy inspirada en Skins, muy retratada en Tumblr–. Más eléctrico, atrevido y visceral que su antecesor, “Que no te mate” (2024), este nuevo disco deja atrás el universo folk e intimista para entrar en terrenos más expansivos, donde conviven la urgencia del punk, la sensibilidad del brit pop y el pulso del rock alternativo, siempre en diálogo con una tradición fuerte y brillante del pop chileno.
“Y si me voy de hocico y no grito dale ríete que me gusta alegrarte”. Compartiendo voces con Floresalegría en “Quizá no voy tan rápido”, Gaspar Gaspar deja claro que la existencia de un veintiañero en Santiago puede ser abrumadora, pero también absurda, liviana y divertida. Esa complicidad encuentra otro cauce en “Rey de Grillos”, una canción en colaboración con Pau que celebra el valor de la amistad y la posibilidad de acompañarse, darse abrigo y cuidarse cuando las cosas se ponen difíciles.
“Los invité porque siento mucha afinidad musical con ambos proyectos. Me interesaba mucho que ellos hicieran algo que sintieran propio y que su arte rompiera y alborotara un poco el trabajo que ya estaba hecho. Creo que se logró”, dice el compositor.
Con Cote Ibacache en batería, Camilo Guerrero en bajo, José Ignacio Toledo en guitarra eléctrica, Tomás Cordero en teclados y sintetizadores, Laura Squella en coros y Klaus Brantmayer en saxofón, Gaspar Gaspar dio vida a un disco rebelde y vulnerable; un trabajo que se mueve entre el desborde y la celebración, ese mood tan propio de una generación que busca abrirse camino en medio de un mundo como el que tenemos hoy.
“Hay momentos en que la vida te llena con más de lo que creías poder soportar, pero lo superas porque no estás solo, porque hay gente alrededor en la misma lucha”, reflexiona el músico, sintetizando una de las búsquedas más importantes de “Aprender a gritar”: encontrar en quienes queremos, y en nosotros mismos, el impulso para seguir adelante.
Escucha “Aprender a gritar” a continuación:

