La jornada fue casi un ritual psicodélico donde Chini.Png nos mostró su pop experimental lleno de sensibilidad y capas oníricas. Kim Gordon, leyenda viva, con sonidos potentes, innovadores y una voz que lo llenó todo, y St. Vincent deslumbrando con un show elegante, teatral y demoledor.
Anoche, lo que vivimos en el Teatro Caupolicán, fue una experiencia cargada de energía, vanguardia y guitarras en llamas, donde tres proyectos liderados por mujeres potentes y creativas compartieron escenario, Chini.Png, St. Vincent y Kim Gordon. Tres estilos distintos, tres generaciones, pero una misma tendencia, desafiar los límites del sonido y la escena.
Una noche que será recordada no solo por lo musical, sino por su carga simbólica y emocional, con una jornada de contrastes, intensidad y conexión con el público.
La jornada comenzó con Chini.Png, quien con su particular propuesta de pop experimental abrió el escenario con una puesta en escena íntima, casi ritual, logrando crear un ambiente onírico que fue creciendo en intensidad, demostrando una de las voces más originales de la escena independiente chilena actual. Es un proyecto solista de la artista chilena Chini Ayarza (ex Chini and the Technicians), quien entregó un show de atmósferas envolventes, sonidos digitales y melodías sensibles, plantándose en el escenario sin pretensiones, con naturalidad y una sensibilidad que pudieron disfrutar quienes llegaron temprano. Su propuesta, que oscila entre el pop y la experimentación sónica, no pasó desapercibida; fue una apertura sutil, pero poderosa.


Luego sube a escena la notable Kim Gordon, fundadora de Sonic Youth, quien demostró que sigue siendo un ícono indiscutible del ruido, la actitud y la libertad creativa. Tocando su último disco “The Collective”, crudo, directo, con capas de distorsión y una sonoridad noise y experimental notorias, con temas como “Pychedelic Orgasm”, “The Believers”, “Hungry Baby”, “Cookie Butter”. La ex Sonic Youth apareció con su banda en formación trío y desde el primer acorde dejó claro que lo suyo sigue siendo el ruido, como forma de expresión, lo que se agradece. El sonido fue denso, con bajos profundos, baterías que variaban entre lo potente y lo etéreo, y una Kim, para los que estábamos acostumbrados a verla como bajista, ahora se da la libertad de también sólo cantar, teniendo el apoyo del bajo de su banda, y retomando el bajo en más de un tema. Sin duda una propuesta innovadora, exigente y contemporánea en lo musical, con un público que escuchaba extasiado, con respeto, admiración, un placer poder verla en los escenarios nuevamente.

Kim no busca complacer ni reconectar con el pasado, sino que se proyecta con fuerza como una artista contemporánea, desafiante y más vigente que nunca, lo que dejó con nostalgia a algunos que pudimos tener la esperanza que nos regalara un tema de su antigua banda Sonic Youth.
St. Vincent, que volvió a Chile en el marco de su gira 2025 con una performance elegante, teatral y poderosa. Annie Clark desplegó todo su virtuosismo con la guitarra y su mezcla impecable de rock, electrónica, soul glam y art rock. Su dominio escénico fue hipnótico, cada gesto, cada acorde estaba cargado de intención, todo era una representación teatral y musical, utilizando el escenario y el entorno como un elemento más. St. Vincent no solo dio un concierto; construyó un espectáculo tan estético como emocional, con elegancia, distorsión y control absoluto, tocando temas como “The Eternals”, “Broken Man”, “Big Time Nothing”, “Marrow”, “Caramel Honey”. Fue un show visualmente impactante y musicalmente impecable. La estética glam, los juegos de luces y la puesta en escena teatralizada dieron lugar a un concierto que se sintió más como una obra total que como un simple recital. St. Vincent manejó la dinámica del show con maestría. Alternó entre el personaje teatral y la artista íntima, entre la distorsión agresiva y los silencios que hacen vibrar, dando sentido a un espectáculo innovador y conmovedor.

Más allá de la música, lo de anoche fue una declaración, una experiencia cultural, tres artistas que no temen romper estructuras, que no se encasillan, y que desde diferentes lugares de la creación abren nuevos caminos para la música hecha por mujeres. En tiempos donde el espectáculo muchas veces pudiera volverse cotidiano, estas tres propuestas nos recordaron que aún hay espacio para la rareza, la honestidad y la provocación. Fue una noche difícil de repetir y aún más difícil de olvidar.

