Saturday Night Wrist es, quizá más que cualquier otro disco de Deftones, el sonido de una banda resistiéndose a desintegrarse. Publicado hace casi dos décadas (el 31 de octubre de 2006, para ser más precisos), tras un par de años de un proceso creativo tenso y errático, el álbum captura un estado emocional específico: agotamiento, conflicto interno y una sensación persistente de hundimiento. No es casual que Chino Moreno lo considere su trabajo menos querido; precisamente ahí radica buena parte de su potencia.
Desde el inicio, “Hole in the Earth” plantea el eje central del disco: aislamiento, ruptura comunicativa y huida. La letra opera como una exposición frontal del distanciamiento —“I hate all of my friends, they all lack taste”—, mientras la música oscila entre tensa calma y explosiones contenidas. “Rapture” continúa esa lógica, pero desde la fricción: fuerzas incompatibles que conviven, desgaste previo a la huida y una tensión latente que atraviesa toda la canción.
“Beware” introduce la tentación y la autodestrucción como metáfora central, con una advertencia que se repite como mantra. En contraste, “Cherry Waves” expone uno de los momentos más vulnerables del álbum: confianza puesta a prueba, entrega total y amor riesgoso, donde la imagen de hundirse juntos transforma la devoción en algo potencialmente letal.
El tramo medio del disco refuerza su carácter fragmentario. “Mein”, con Serj Tankian (System of a Down), habla de distancia deliberada y evasión emocional, mientras el instrumental “U,U,D,D,L,R,L,R,A,B,Select,Start” funciona como un interludio introspectivo, una pausa suspendida antes de seguir descendiendo. “Xerces” ofrece una despedida atípica y serena: tránsito, aceptación y horizonte nuevo, una muerte simbólica que no es violenta, sino melancólica.
Luego, el disco vuelve a tensarse. “Rats!Rats!Rats!” es confrontacional y cínica, marcada por autoengaño, frustración y colapso de expectativas, mientras que “Pink Cellphone” rompe cualquier solemnidad con una sátira corrosiva que ataca dogmas, consumo y moralidad desde la provocación más incómoda. “Combat” retoma la lucha frontal: toma de partido, conflicto abierto y choque de lealtades.
En el cierre, Saturday Night Wrist se vuelve íntimo y oscuro. “Kimdracula” expone la descomposición afectiva y la indecisión destructiva de una relación que sangra lentamente, y “Rivière” cierra el álbum con un tono casi mitológico: folclor oscuro, vigilia perpetua y condena compartida, como si todo el disco desembocara en una historia maldita que no ofrece redención.
Producido por Bob Ezrin junto a la banda y marcado por ser la última participación de Chi Cheng antes de su fatal accidente, Saturday Night Wrist no es un álbum cohesionado en el sentido clásico. Es irregular, tenso y fragmentado, pero precisamente por eso resulta tan humano. Más que un punto alto o bajo en la discografía de la banda, es un documento emocional: una marca del peso de la noche en alguien que hace lo posible por soportar y no dar su brazo a torcer.

