Si hay algo que define ciertos actos, es la capacidad de convertir un recinto en un espacio suspendido en el tiempo, donde la nostalgia se siente más física y otra vez llega la sensación de volver a habitar una etapa completa en cuestión de minutos. Eso fue exactamente lo que ocurre cuando bandas emblemáticas del movimiento emo regresan al escenario, anoche Alesana tomó el control del Teatro Coliseo para interpretar íntegramente “The Emptiness” reavivando un pasado de maquillaje oscuro y sentimiento a flor de piel.

La noche comenzó con los nacionales Dead Kings, que entendieron el peso del contexto, porque no era una audiencia casual, era un público que venía a revivir un relato. Su presentación fue sólida y directa, con guitarras firmes y la energía creciendo a medida que el local se llenaba. De repente los primeros empujones aparecieron sin esfuerzo y no hubo tibieza alguna en la recepción, consolidando así una puesta en escena acorde y a la altura. 

Galería | Alesana: Dead Kings en Teatro Coliseo

Y a las nueve, las luces bajaron definitivamente, comenzaron los gritos inmediatos, estallidos que se sentían como una descarga casi ansiosa. Pero no fue hasta cuando se dejó ver Shawn Milke y compañía, donde el público más reaccionó. Aparecieron sin artificios exagerados sino con una presencia pura de un reencuentro que aunque no era tan lejano, sí era en otro entorno. Entonces comenzó el viaje, el spoken word característico resonó con una teatralidad más madurada y el trabajo de cuerdas encontró un balance robusto y claro que se iba mezclando con las capas vocales, evocando esa sensación de “se escucha como en el estudio” se sentía orgánico y auténtico.

Las primeras canciones activaron mosh pit que iban ganando fuerza mientras se expandían con naturalidad. Era caótico, pero daba cuenta de la energía contenida siendo canalizada. Cada breakdown detonaba círculos que se abrían y cerraban como si estuviesen en sincronía con la banda, todo mientras el coro de cientos se mezclaban con Denny Diablo y Shawn que evidenciaba en sus expresiones lo satisfechos que estaban con su audiencia. siendo el peak de la euforia la interpretación de “The Thespian”.

A diferencia de un set tradicional, acá no había pausas estratégicas para insertar clásicos y subir la euforia, así que el compromiso era total, recorrer un disco completo. Eso cambiaba la dinámica emocional y se sentía en el ambiente, pues a veces reinaba una intensidad abrasiva y luego, con los pasajes más emocionalmente densos, donde muchos cantaban a ojos cerrados, se percibía esa esencia de reconstrucción de vivencias personales asociadas a ciertos momentos, a ciertas lyrics, un verdadero encuentro con el pasado, pero también, sorprendía ver a muchos adolescentes de nuevas generaciones enfrentándose por primera vez con la narrativa de Alesana, lo cual aportó una sensación de refugio colectivo.

En todo momento la agrupación se mostraban agradecidos, Shane Crump se movía con su bajo por todo el escenario,  y todos se mostraron agradecidos, cercanos, conscientes de que tocar un disco en su totalidad tantos años después es arriesgado y que la concurrencia masiva es un acto de fidelidad de la fanaticada. Y ellos devolvieron la euforia con creces, haciendo pausas breves pero suficientes para reconocer la respuesta chilena que no decaía en ningún momento. A pesar de que el calor era asfixiante, la cancha vibraba y la tribuna acompañaba con la misma entrega, nadie era espectador pasivo del show

Ya hacia la recta final, la sensación de cierre comenzaba a instalarse con una mezcla extraña entre satisfacción y añoranza. Nadie quería que terminara, pero todos sabían que el viaje tenía una estructura definida y el encore siempre fue un regalo pensado para los de siempre y quienes experimentaban por primera vez a Alesana en vivo. “Apology” se dejó sentir con una vibra explosiva, algunos se abrazaban para saltar, otros en un impulso se unían al circle pit que ocupaba casi toda la cancha y cantaban con gritos, la mayoría alzaba el teléfono para tener un registro de esa canción tan querida que lo inició todo.

Galería | Alesana en Teatro Coliseo

Lo vivido fue sin duda una experiencia completa, siendo la confirmación de que hay trabajos que no sobreviven por la crítica, sino por el vínculo que generaron con su audiencia. Y anoche, ese vínculo quedó claro, porque 16 años después de su lanzamiento, todos los presentes se sumergieron en él con una entrega absoluta, recordándonos que cuando los artistas regresan al escenario, nos devuelven también una parte intacta de quienes fuimos.