Es extraña la ocasión en que Chile puede soñar con un encuentro inicial en el escenario, pues los espectáculos de rock no han sido una carencia en nuestro país y menos en nuestra historia reciente. Los íconos han pisado los recintos santiaguinos con regularidad, incluso aquellos que pertenecen a subgéneros como el post-hardcore. Entre las pocas bandas importantes que nos quedaba por disfrutar se encontraba The Fall of Troy, al menos hasta el día de ayer.
Afortunadamente para nosotros, la banda originaria de Washington se encuentra realizando una gira por Latinoamérica centrada en su icónico disco “Doppelgänger”, del 2005. Luego de una primera fecha en México, correspondía el turno de Chile, el que tuvo lugar en el Teatro Cariola de Santiago centro. En la intimidad de su espacio el lugar ofreció un escenario cercano para un grupo que se muestra habitualmente compenetrado con su audiencia.
La noche comenzó con dos exponentes chilenos de sonidos coincidentes al grupo estadounidense. Matar a Grax fue el primero en presentarse y cumplió a cabalidad la misión de preparar al público para lo que venía, pues sus sonidos iracundos y técnicos se complementan con un show alto en entretención, con un escenario pintoresco habitado por peluches coloridos y un público agasajado con flotadores y muñecos inflables. La banda se presenta dinámica y genuina en el escenario, entregando la posibilidad de algarabía incluso al más indiferente de los asistentes. Sonaron canciones ya conocidas como “Santiago Hippie Macho Love” o ¡Zoo Sim Oh!, tanto como algunas que se anunciaron para dentro de un mes. Es menester hacer espacio aquí para argumentar en favor de la atención que esta banda merece en nuestro futuro próximo.

Vino posteriormente el turno de Delta, banda chilena de ya amplio recorrido discográfico y que para algunos resultó por momentos ajena al estilo de la noche. Lo anterior parece un juicio injusto si consideramos la presencia de lo evidentemente progresivo en la música de The Fall of Troy. En un repertorio de seis canciones la banda mostró calidad técnica y experiencia musical tanto en sus guitarras, como en la gran voz de Paula Loza, que superó incluso la perfectible calidad sonora del teatro el cual mostró algunas deficiencias a través de la noche.

A un paso puntual llegó el momento de ver arder y caer Troya en Santiago. A eso de las 9:30 se asomaba ya el mismo Andrew Forsman con una camiseta de Colo-Colo a preparar su batería y energizar aún más a un público ya ansioso y extasiado.
La altamente instrumental “Laces out, Dan!” fue la encargada de abrir los fuegos en una noche que no entregaba claridad en torno al setlist que habría de oírse, pues los antecedentes no daban luces ni de las canciones ni su orden al ser presentadas. Lo único claro es que la concentración estaría en “Doppelgänger” y las tres primeras canciones lo confirmaron: “Mouths like Sidewinder Missles” y “I Just Got This Symphony Going’” acompañaron el inicio de un público inquieto, jovial y caótico en la alegría. Tommy Erak y el público se retroalimentaron constantemente en la energía del momento efusivo que se vivía: la mirada del vocalista buscaba constantemente al público y exigía más desorden a un público que no fallaba en obedecer el dedo que circularmente ordenaba en ocasiones el potente mosh.
El sector intermedio del espectáculo ofreció un recorrido por los distintos álbumes de la banda, alejándose por ese período de su disco estrella para entregar canciones de su opera prima o del disco “Manipulator”. Ese período se percibió nuevamente muy instrumental. Los aspectos progresivos y propios del math rock que le dieron singularidad a la nomenclatura musical del conjunto aparecieron en una batería en extremo potente, riffs complejos y gritos screamo a través de canciones como “Ex Creations” o “Semi-Fiction”.
Llegando al final del show se anuncia implícitamente la vuelta al álbum estrella cuando “Act One, Scene One” es presentada como una canción que referencia la pasión coital en los gestos técnicos de Tim Ward. El público vuelve a extasiarse con esta canción, así como con “You Got a Death Wish, Johnny Truant” o “Macaulay McCulkin”. Esta última presenta la primera despedida de la banda que aún quedaba por presentar su canción ícono.
La vuelta del encore llegó con “Caught Up”, balada del álbum “Manipulator” donde Erak se enfrenta solitario al público y pisa el freno solo para enganchar con aún más fuerza el más esperado de los hits de la banda. Aquella multitud de tres personas vuelve ahí para interpretar la clásica “F.C.P.R.E.M.I.X”. Un cierre perfecto donde la energía que aún restaba en el extasiado público se arrojó en los coros y el crowdsurfing que la banda seguía celebrando. “I don’t wanna see the day…” se escuchó con fuerza a través de un final sobresaliente que estamos seguros creó una conexión de largo plazo entre The Fall of Troy y Chile.


