Review | Ulver: ‘Flowers of Evil’ – Abrazando la Nostalgia

El 28 de agosto del año 2020, los lobos noruegos hicieron entrega de las ‘Flores de la Maldad’ (‘Flowers of Evil’), su último álbum y el sucesor ‘The Assassination of Julius Caesar’.

‘Flowers of Evil’ llega en la etapa más madura de Ulver. Con 25 años de carrera la banda ha podido renovarse continuamente en cada lanzamiento. La música de Ulver ha navegado por aguas turbulentas en sus inicios, donde el Folk y el Black Metal impregnaban con sonidos extremos y guitarras acústicas los oídos de los oyentes. Actualmente su sonido es diametralmente distinto a sus inicios, esto precisamente, es lo que vuelve a Ulver una banda enigmática y seductora.

El cambio en la banda vino entre el ‘Nattens Madrigal’ de 1997 y ‘Perdition City’ del año 2000. Esos tres años de receso parecen ser los fundamentales para su cambio. Ambos discos parecen dos bandas completamente diferentes. Desde aquí se empieza a vislumbrar el sello de Ulver, una banda que no le teme a los cambios, versátil y capaz de incursionar también en música para el cine.

‘Flowers of Evil’ sigue las líneas de su predecesor ‘The Assassination of Julius Caesar’, pero tiene la capacidad de brillar con luz propia materializando momentos realmente memorables.

El álbum empieza con ‘One Last Dance’. Una atmósfera oscura, sostenida por sintetizadores, y unos acordes en piano, realmente melancólicos, dan paso a la voz de Ulver; Kristoffer Rygg (Garm).  Comienza una travesía emocional que recuerda aquellas bandas de antaño con ese sonido Synth Pop o New Age. ‘Tears for Fears’, ‘Depeche Mode’ o ‘Kraftwerk’ resaltan como una de las principales influencias de Ulver.

Sin embargo, una cosa que vuelve distintiva a los noruegos es ese toque melancólico, donde lo electrónico trastoca las emociones para llevarlas a ese lado más depresivo y opaco del alma humana.

Las líricas de las ‘Flores de la Maldad’ y en particular ‘One Last Dance’ ahonda en la posición del ser humano en el mundo.

¿Qué podemos hacer aparte de trabajar?

¿Dormir y hacer lo mejor que podamos?

Corazones de gente llenos de maldad.

Y nadie sabe si el amor o el odio espera.

La canción ‘One Last Dance’ se mantiene constante, sin un clímax como en canciones como  ‘Angelus Novus’ de su predecesor, lo cual no es en absoluto algo negativo, es el sello de ‘Flowers of Evil’. Lo que más destaca en esta canción y en el disco en general, son precisamente coros y melodías fáciles de asimilar, además de los siempre atractivos pasajes sonoros oscuros. La voz de Rigg parece intocable a las facultades del tiempo, más atractiva y evocadora que nunca.

‘Russian Doll’, la segunda canción del disco y el primer single del disco, emerge desde lejos y acercándose con un ritmo rápido y contundente, sin contemplación. Una canción de amor que aborda la imposibilidad tantas veces retratada en la literatura universal y en el arte en general.

El amor es una especie de crimen.

Una promesa rota.

Arde como el infierno

Cuando las cosas se derrumben

‘Russian Doll’, como single fue una canción bien elegida por Ulver, plasma perfectamente los elementos que ha venido trabajando la banda, muchos sintetizadores, interludios sutiles e instrumentales y ritmos de baterías que siguen un ritmo tal como lo hicieron las bandas ‘synth pop’ de antaño. 

‘Machine Guns and Peacock Feathers’, la tercera canción del disco, sigue la línea de las dos canciones anteriores,  pero incorpora quintas melódicas que surgen desde una guitarra distorsionada que acompaña el coro principal a lo largo de toda la canción. La banda también incorpora una voz femenina posterior al interludio, esto dota a la canción con una energía completamente diferente a sus predecesoras. Dentro de toda la oscuridad sonora que envuelve a la banda, en este tema podemos encontrar una esencia más alegre.

Las líricas de esta canción tienen la carga histórica y sublime que envuelve el arte de este disco y de su predecesor  ‘The Assassination of Julius Caesar’. Líricas que transitan entre tiempos  modernos y veteranos, para entregar un diagnóstico acerca de nosotros mismos y la realidad que rodea nuestra siempre controversial animalidad. Interesante observar  una supuesta relación que establece la banda con el autor Philip K. Dick y su obra que inspiraría ‘Blade Runner’ de Ridley Scott, ¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas? de 1968.

¿Y sueñan los androides?

¿ Con ovejas eléctricas? (…)

Llevar la leche o perforar el cuerpo con…

Espadas, ametralladoras, flores y plumas de pavo real.

Función de órgano alterada.

Computadoras, democracia y desorden nervioso.

En la mitad del disco asistimos a una de las canciones más oscuras del disco, ‘Hour of the Wolf’,  los sonidos eléctricos dan vida a un aura sonora embriagante e intensa. Entre melodías y acordes menores, hay sonidos que parecieran tomar una forma material en la imaginación, con el objetivo de que la lujuria y el poder atrapen e hipnoticen al oyente. ‘Hour of the Wolf’ contiene una lírica más corta que las canciones predecesoras, pero se compensa totalmente con una sección instrumental que es un deleite para los oídos.

Me acuesto y espero y miro fijamente.

Una noche oscura e interminable.

Embrujado por imágenes.

El vampiro en la puerta.

La noche de los cristales rotos.

La aspersión de la tierra.

La mujer sin rostro.

Para desaparecer sin dejar rastro.

La quinta canción del disco es ‘Apocalypse 1993’, una canción que sigue una estructura similar a ‘Machine Guns and Peacock  Feathers’. Un ritmo rápido y constante que dura toda  la canción. Un coro asimilable la primera vez que se oye, acordes mayores que convierten a esta canción tan o más “alegre” que ‘Machine Guns…”. El final de la canción es completamente dinámico y porqué no decirlo, bailable.

En lo referente a las líricas, Ulver nuevamente sugiere pasajes históricos. En una sección de la canción se señala al capítulo 9, Ezequiel de la biblia. En su primer párrafo señala “Los visitadores de la ciudad han llegado, y cada uno trae en su mano su instrumento para destruir”.

Con una canción de lágrimas caídas.

La historia se está desarrollando.

Ezequiel, Capítulo 9.

La palabra del rey David.

Te traerá el paraíso (…)

Lamento que les dispararan a algunos de ustedes.

Pero, eh, oye, Dios tendrá que arreglar eso, ¿no?

‘Little Boy’, otros de los singles dados a conocer por la banda antes del lanzamiento. Comienza con sintetizadores para posteriormente dar paso a la voz de Rigg amplificada por efectos de ‘eco’ y de ‘delay’. Esta canción también se mantiene con un ritmo contundente, para que al final de la canción la banda entregue pasajes más experimentales. Dichos pasajes evocan trabajos como ‘Riverhead’ del año 2016 y ‘Svidd Neger’ del año 2003.    

Serpiente bailando.

La piel desnuda.

Flores del mal.

Se esparcen.

Gira y vuelta.

En el campo de la muerte.

La penúltima canción, llamada ‘Nostalgia’, evoca precisamente eso. Tanto en el contenido lírico y musical la canción lleva a recordar con melancolía el pasado, como si aquellos momentos fueran más ávidos que el presente.  En lo musical, ‘Nostalgia’ incorpora nuevamente la voz de Rigg con una voz femenina, recordando aquellas canciones a dos voces tan clásicas y agraciadas como ‘Woman in Chains’ de ‘Tears for Fears’ o ‘Come Undone’ de ‘Duran Duran’.

Rebobina la cinta.

Un lugar donde crecen flores silvestres.

La ciudad junto al mar.

Era hermoso cuando nos fuimos (…)

Los dolores de crecimiento.

Esos viejos registros.

Girando una y otra vez.

Una y otra vez.

El viento debajo de la puerta.

El disco cierra con ‘A Thousand Cuts’, una canción que podría clasificarse como una balada. Transita entre lo colorido y lo oscuro del sonido. A diferencia de las canciones anteriores, un piano acústico tiene mayor protagonismo a lo largo de la canción que los elementos electrónicos de sus antecesoras. Dichos elementos se incorporan a lo largo de la canción, pero de manera muy sutil. Armónicos en las cuerdas de una guitarra eléctrica acompañan la introducción de la canción, en conjunto con pequeños efectos que recorren de izquierda a derecha los oídos del oyente.

De manera muy sutil la canción lleva al oyente a un estado de relajación. Cuando la voz de Rigg no está presente es posible oír el sonido del mar en ciertos pasajes.  Violines se suman después de la mitad de la canción para acompañar el coro principal.

Es una canción realmente sublime que reúne lo mejor de Ulver. Lo que vuelve atractiva está canción es que precisamente la lírica no se condice con lo bello de sus melodías.

Esta es la historia de dos jóvenes enamorados en una playa.

Que se encontraron al final de la guerra.

Se dispusieron a explorar los cuerpos en la orilla.

Y lo que encontraron les haría daño (…)

La pasión.

Sexo y muerte.

Por mil cortes.

Los placeres de la carne (..)

Los ojos de la víctima.

Una iglesia satánica.

Una mujer salta por la ventana.

Dos jóvenes soldados al final.

Simplemente bailan el vals toda la noche.

Los instrumentos apagan su sonoridad para dar fin al disco. En términos de la lírica y acercándonos a la esencia de la banda podemos decir que efectivamente los noruegos han hecho de su discografía un acercamiento a la naturaleza del ser humano, ahondando en aquellos elementos que nos distinguen, pero no por eso  nos diferencian de los animales.  Es por ello su innegable conexión con la mitología, relatos y discursos que impregnan la sociedad de hoy envuelven su arte: letras y música son el reflejo del dramatismo del mundo y de nosotros mismos.  

‘Flowers of Evil’ es un buen disco, fácil de digerir y perfecto para aquellos que quieran introducirse en el mundo sonoro Ulver y a su vez volver a las raíces melancólicas y nostálgicas del ‘Synth Pop’.  

¿Y tú, qué clase de animal eres?

Escrito por Hugo Osorio.

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