Una nueva jornada de rock del más potente azotó Santiago el viernes 15 de octubre, con dos de las bandas más originales dentro de la escena del metal, y que han experimentado un crecimiento sostenido en el último tiempo. Se trata de Éntomos y Nunca Seremos Dichosos (NSD), en donde éstos últimos presentaban por fin en vivo el disco “Kollong”. Un tremendo trabajo que los llenó de elogios y les entregó el Premio Pulsar a disco de metal del año, pero que, sin embargo, por diversos problemas, no habían podido lanzar como corresponde. Pero ya estamos contando una nueva historia, y la oportunidad se dio en grande, con el agregado de que éste se anunciaba como “el último show de NSD”. ¿De qué se trataba? Ya lo veremos.

Éntomos fueron los encargados de abrir la fiesta. Activos y firmes, su disco “Disidencia”, de 2017, los catapultó a los niveles más altos de reconocimiento, y ya han lanzado nuevos sencillos mientras preparan la salida del nuevo disco. 

Se sienta Franco Mitchell en su batería y comienza a sonar la introducción, para dar paso a la inmensidad de “Disidente”. El teatro tenía un buen marco de público, pero la gente seguía llegando hasta alcanzar el lleno de la zona dispuesta durante la jornada. El público comienza a encenderse, y como no hacerlo si el sonido era potente, y la ejecución simplemente notable. 

La música de Éntomos tiene una exigencia técnica que no permite desconcentraciones, y suena totalmente cohesionada, con una entrega total que no deja dudas sobre lo que puede brindar la banda. “Adicto y decadente”, sencillo del disco “Disidencia”, suena y termina de cautivar, con sus gritos, ritmos encontrados y melodías atrapantes. 

El público ya está de pie para escuchar “Inmolación” y asoman los primeros atisbos de mosh. Le sigue un nuevo tema, titulado “Quintaescencia”, que será registrado en video para lanzarlo como siguiente sencillo. La canción agarra de a poco, pues no la conocemos, pero es un temazo, potente y con un final épico que es imposible dejar pasar. Ovación para lo nuevo. 

 

Se da paso al cover  de “Gavilán” de Violeta Parra. “¡La más grande!” anuncia Pablo, y vaya que lo es. “Leviatán”, el último sencillo que conocemos de los bichos, los levantó a todos, se nota que ha pegado fuerte con su calidad y fuerza innegables. A continuación se viene el canto de feliz cumpleaños a Franco, los tortazos correspondientes, y a seguir, para finalizar en alto.

Luego del cambio se vienen los que ejercen de locales, quienes organizaron la jornada pensando en tocar, al fin, “Kollong” en vivo. Qué momento de emoción pura. NSD parte con todo, incendiando el teatro con su metal de raíz, lleno de riffs, junto a ritmos que nos llevan a lo tribal de las culturas originarias, y el mapudungún como principal medio de comunicación. 

“Kumbagüe” tiene un lugar especial en el corazón de sus seguidores, y se nota. En un comienzo, creo que el volumen de todo está demasiado alto, lo cual, es cierto, le da una potencia que hace retumbar todo y a todos, pero impide distinguir algunas cosas con claridad, sobre todo en las frecuencias graves, pero ya pasando un par de temas se va arreglando y conectamos de mejor forma con los bajos y figuras del bombo. 

Siendo total la consecuencia de la banda con lo que hablan en sus canciones, no es extraño que subieran al escenario dos jóvenes mujeres de la “Red de mujeres mapuche”, quienes leyeron algo de sus ideas y sus reivindicaciones, dedicando palabras a Denisse Cortés, quien recientemente murió en el marco de las últimas protestas en la ciudad. Siguen entregando su fuerte mensaje, con mucha emoción y siempre apoyadas por los gritos y ovaciones del público. La banda saluda en mapudungún y piden la desmilitarización del Wallmapu. La sintonía es total. 

“¡¡Nunca!!” es otro de los momentos altos, otro de los favoritos de la gente. “La semilla está por germinar, nunca pares de creer, feley”. Los puños en alto se multiplican, y los mosh, a esta altura, son plenos, arrinconando sillas para volver a los queridos ritos de desahogo. En medio, “Meli Witxan”“, un canto que asemeja un ritual como ningún otro. 

Canción tras canción, surgen distintos recursos en la banda, sonidos originales, golpes de baqueta a las cuerdas de bajo, armónicos que juegan a venir desde las fuerzas de la naturaleza. Un solo de bajo elegante adorna la brutalidad, y ya se va cerrando la noche, cada vez más en alto. 

¿Qué nos falta?, lo tan anunciado, el final de Nunca Seremos Dichosos. Se acaba. Zigurat nos avisa que, la verdad, ya no se sienten representados por el nombre. Sería todo, pero no es el fin. Muere NSD y nace Mawiza (se pronuncia Mawida). “Mawiza Ñi Piwke”, la primera canción del metal completamente cantada en mapudungún, desata el éxtasis total y vemos una hermosa postal, con los instrumentos en alto, chocando al estilo de las chuecas que se golpean en el aire. 

Nace Mawiza, con el ánimo de lucha siempre arriba, y más fuerza que nunca. Toda la energía desatada, todo el newen y la fuerza para gritar ante las injusticias, de seguro se fue a casa con cada uno de los asistentes a esta inolvidable jornada.

Fotografías por Francisco Aguilar A. / Parlante.cl

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