A cuatro años de su último disco de estudio “Prequelle”, Ghost está de regreso con su quinto LP, el cual lleva por nombre “Impera”. El nuevo material fue producido por Klas Åhlund (quien trabajó con la banda en “Meliora” de 2015) y mezclado por el mítico productor Andy Wallace (quien ha trabajado con Rage Against the Machine, Sepultura, Linkin Park, entre otros)

Sin embargo, el tiempo transcurrido entre su último larga duración y este quinto disco de estudio de modo alguno significó silencio para la banda liderada por Tobias Forge: en la segunda mitad del año 2019 lanzaron el EP “Seven Inches of Satanic Panic” -el tercero en su carrera- ya con Cardinal Copia en el micrófono, quien un año antes había tomado la posta (o el bastón) de Papa Emeritus III hasta el año 2020. 

Al año siguiente, la banda sorprende con “Hunter’s Moon”, tema lanzado a finales de septiembre y que sirvió de promoción para la película Halloween Kills (decimosegunda entrega de la legendaria franquicia de Michael Myers). A la postre, el tema sería el primer sencillo de “Impera” por lo tanto la canción -de una u otra manera- representa un regreso: por un lado el de la banda propiamente tal, que lanza un nuevo LP después de casi un lustro y, por otro lado, el regreso de un mítico personaje del cine de terror, en particular del subgénero del slasher, a la pantalla grande: Michael Myers. Con eso en mente, el inicio del primer verso “It’s been a long time coming (…)” y luego en el coro “It’s time for me to strike again” resuenan por partida doble.

Pero el álbum parte mucho antes (“Hunter’s Moon” es el track número 5): “Imperium”, el tema introductorio, da el puntapié inicial a un trabajo cuya temática apunta al auge y caída de los imperios. Luego de algo más de un minuto y medio comienza “Kaisarion”, una canción con un riff de guitarra y un falsete inicial que evoca al más clásico heavy metal ochentero. Luego viene “Spillways” con una introducción de sintetizadores muy reminiscente de Journey que luego desemboca en versos y, sobre todo, en un coro que no tiene nada que envidiarle a cualquier himno de rock de estadios. 

Call me Little Sunshine”, segundo sencillo del disco, lejos de ser un rayo de sol, pone -con su introducción de guitarra- la cuota de oscuridad clásica de la banda sueca: “Call me Little Sunshine, call me Mephistopheles, call me when you feel all alone” (“Llámame pequeño rayo de sol, llámame Mefistófeles, llámame cuando te sientas totalmente solo”). Posteriormente, viene la ya mencionada “Hunter’s Moon”, que rescata lo mejor del sonido de discos anteriores como “Infestissumam” y “Meliora” pero al mismo tiempo funciona como un regreso fresco. 

Llegamos así a la mitad del disco con la canción “Watcher in the Sky”, que inicia con un riff de guitarra propio del heavy metal más clásico y el coro de la canción de inmediato, dando paso luego a una guitarra stacatto por debajo de los versos que no cesa hasta el precoro, luego vuelve y luego descansa hasta que explota en el coro: “Search lights, looking for the watcher in the sky”, una clara alusión al omnipresente, al que todo lo ve. 

De ahí en adelante, con el tema instrumental “Dominion”, el disco adquiere una especie de segundo aire que comienza a respirarse con “Twenties”, una canción con una introducción orquestal religiosa que luego da pie a una base rítmica que dio que hablar no sólo en la fanaticada de la banda sino que también en seguidores del rock en general por su similitud al estilo reggaeton (que ya habíamos oído dentro del rock, a decir verdad, en la canción “Rastamandita” de Molotov de 2000 y más recientemente en “Run” de Foo Fighters de 2017, por nombrar algunos). A la larga, la canción representa una aventura dentro de la sonoridad que la banda ha desarrollado estos más de 12 años de carrera que ya -de por si- ha sido variada disco tras disco.

Darkness at the Heart of My Love” es más reposada pero no por eso carece de la potencia de los riffs y de los solos de guitarra tan característicos de la banda. Griftwood”, por su parte, bebe -de cierta forma- de las aguas metaleras que caracterizaron a su debut “Opus Eponymous” de 2010. 

Ya acercándonos al epílogo nos encontramos con “Bite of Passage”, instrumental de medio minuto que sirve de transición al cierre titulado “Respite on the Spitalfields”, una tema de más de seis minutos, con un bajo bien notorio que le da una densidad no frecuentemente oída en otras canciones de la banda (quizás en “From the Pinnacle to the Pit”) además de un coro épico y un solo de guitarra hacia el final que emula a “Imperium” (tema introductorio del disco), que da a entender líricamente que nada dura para siempre (“Nothing’s last forever”) y musicalmente que todo -tarde o temprano- termina por desvanecerse (la canción termina en modo fade-out): todo cae por su propio peso, aunque de un imperio se trate.

En suma, este regreso discográfico de la banda sueca bebe de varias aguas anteriores no sólo de su discografía sino que también de otras épocas y subgéneros. Aún así, el resultado es -sin lugar a dudas- una infusión propia. Una poción que al saborearla uno sabe que tiene gusto a clásica pero al final es tremendamente refrescante. Y en razón de eso se puede brindar por que Ghost sigue ahí aunque todo alrededor se derrumbe.

Escucha “Impera” aquí:

 

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