Hablar de Divididos es hablar de una de las grandes bandas de Argentina en la actualidad. Con más de 30 años a su haber, siguen siendo esa aplanadora del rock que por donde pasa arrasa con todo por delante.

En esta ocasión me quisiera detener quizás en uno de sus discos más importantes, donde hay grandes clásicos como “Ala Delta”, “Azulejo” que fue un punto de inflexión en su carrera donde lograron desprenderse del sonido de su primera placa donde tenían una gran influencia de Sumo de donde provenía Ricardo Mollo (vocalista y guitarrista de Divididos) y Diego Arnedo ( bajista de Divididos).

Corría 1991 y ya con un disco bajo el brazo, los argentinos lanzan este disco que los acerca a la masividad y donde se ven atisbos de un rock duro, directo y sumamente versátil. Este fue el gran impulso de este power trío que hizo, hace y hará historia en la música rock argentina y por qué no latinoamericana.

El disco arranca, con “38” un tema 100% rocanrolero, directo, un tema que te remecerá a su primera escucha, el cual demostraba que la banda no se guardaba nada y tenía mucho que demostrar. 

“Sábado” baja un poco las revoluciones, dando paso a sus influencias funk que venían ya de Sumo y que supieron plasmar en su primera placa “40 Dibujos Ahí En El Piso”, haciendo un tema que evoca sentimientos encontrados con Sumo.

Luego volvemos a subir la intensidad y nos lanza un misil de aquellos con “Cuadros Colgados”, un tema rápido, directo, bien punk con su letra que dice “No era de tango ni de rock”. Es de esos temas que por su coro y ritmo subirán la adrenalina al escucharlo una vez, imagínate escucharlo en vivo, de seguro se arma un “quilombo” como dicen los argentinos.

Con la linda “Cielito Lindo”, reconocida canción mexicana el cual Mollo y compañía le rinden homenaje con una muy linda versión. Luego con “¿Qué tal?” y “Sisters” relucen sus influencias a Sumo y música anglo que te dejan en un “mood” de pasividad.

Entramos de lleno en un himno del rock, una canción que saca toda su garra, pasión que es imposible no saltar. Hablamos de “Ala Delta”, una de sus canciones más reconocidas y cómo no si es un temazo que puedes escuchar una y mil veces y jamás te aburrirá. Demostrando todo el virtuosismo de Diego Arnedo en el bajo, con unas líneas tremendas y una versatilidad enorme. Con un Ricardo Mollo demostrando su maestría en la guitarra y voces dándole un ímpetu, una energía única que sólo él podría darle. “ Y la virgen pasó haciendo Ala Delta”, imposible no corearla a todo pulmón. Temazo.

Ya en un poco más de la mitad del disco, nos encontramos con la canción más funk, agresiva y rockera del disco: “Azulejo”. Con una entrada de bajo tremenda, que cuando entra la parte de guitarra con riffs despampanantes, recuerda a algunos pasajes a canciones de Primus.

Ya en la recta final, mostrando diversidad musical e influencias del rock de antaño, sobre todo del lado norteamericano con el tridente, nos encontramos conEl burrito”, “Jamelosapoi” y “Paraguay”, con esta última entregando un rock ganchero, sucio y bien cañero como dirían los españoles.

Y para el final con un homenaje al gran Jimi Hendrix con “Voodoo Child”, Ricardo mostrando toda su técnica en la guitarra. No por nada, allá le dicen el Jimi Hendrix Argentino, algo que no hallo para nada exagerado, ya que es un tremendo guitarrista y músico.

En resumidas cuentas, un disco sin desperdicio alguno. Si quieres vivir un montón de emociones desde una canción lenta hasta un himno del rock, adelante este es tu disco que de seguro no te arrepentirás de escucharlo. Un clásico indispensable para todo amante de la música en especial del rock.

 

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