La esperada comunión, el reencuentro mágico, tuvo su momento en el Movistar Arena este sábado 16 de julio, y fue tal como lo habíamos soñado.

La jornada abrió con los chilenos Voltage, quienes ganaron este derecho mediante un concurso de bandas. A las 20:04 suben al escenario y son recibidos muy bien por el público, que aún estaba a poco menos de la mitad del recinto, pero que llegaba firme y constantemente. La banda irrumpe con “Nada Que Esconder” y el sonido, a pesar de estar un poco comprimido, suena bastante bien. Bajo volúmen para comenzar, evitando saturaciones, y podemos entender todos los instrumentos y voces con especial claridad.

Voltage presentó un hard rock con bastante heavy metal, que es ejecutado a la perfección. El tema de apertura cierra muy metalizado y deleita a todos. Ya en la segunda canción, el sonido sigue mejorando y no hay nada que reprochar. Notable. Se aprecian los solos, las armonías y se disfruta todo bien. La gente premia a la banda tras cada intervención, convirtiendo la noche en una noche ”mágica y soñada” en palabras del propio Sebastián Molina, vocalista del conjunto. El cierre del show es con “Encrucijada”, en donde el público corea, apoya con palmas, y ovaciona a la banda para el final de su set. Media hora, una gran banda, y un público que se cautivó.

Enseguida se deja ver el telón de fondo de La Renga, causando los gritos de la gente que desde ya comienza a exigir el comienzo del plato de fondo. A eso de las 21:20 se apagan las luces y se ve como Chizzo, Tete y Tanque suben al escenario. Emoción total, mientras se proyectan imágenes del disco que están promocionando: “Alejado de la Red” y le dan el vamos con “Buena Pipa”, una gran composición con la Gibson Thunderbird de Chizzo muy protagonista, que acompaña la pasión que se ha tomado el Arena. Siguen con “Elefantes Pogueando”, y necesito destacar la hermosa escenografía, con un telón gigante que cubre atrás y a los lados del escenario, pantallas gigantes a cada costado, unas pantallas verticales más pequeñas sobre escena, una plataforma arriba de la batería de Tanque, en donde constantemente subía Tete o los músicos invitados, y decoraciones ad hoc con luces incluidas que daban un tremendo ambiente. La banda trajo un show completísimo, y se apoderaron del lugar, haciéndonos sentir como si estuviéramos en su casa.

Después del segundo tema hay algunas palabras llenas de emoción de parte de Chizzo, celebrando los “20 años de hermandad”, haciendo referencia a la primera vez que vinieron a Chile, en 2002. ¡Cómo ha crecido la familia renguera por estos lados!. El vocalista, enseguida, da el grito de “¡Abran la jaula!” y sospechamos que se viene “¡Hola a todos, yo soy el león…!”. “Panic Show” desata la locura, sumando a los que se mostraban aún fríos con los temas del último disco. Ahora sí que se armó la fiesta. Y la fiesta llegó a un primer clímax con “Desnudo Para Siempre” y un coro emotivo, cantado a todo pulmón, sumado a un final épico con el saxo de Manu, el integrante que nos faltaba en escena. Y Manu se queda para la armónica de la tremenda “Motoralmaisangre”, sonando increíble como toda la noche. 

En medio, van tocando temas de su último disco, en donde, como suele suceder, la recepción es más calmada, pero con un grupo de “Los mismos de siempre” que siguen igual saltando y entregando la vida. Tocaron todas las canciones de “Alejado de la Red”, destacando algunas como “Llegó la Hora”, que tiene esa esencia heavy muy Iron Maiden. “Alejado de la Red” baja las revoluciones hasta llegar a su parte pesada, muy visceral. “En Bicicleta” trae la psicodelia en clave renguera, con imágenes presentadas en forma de cómic. “El Que Me Lleva” es oscura y misteriosa, dejando sonoridades que pocas veces escuchamos en un recital de La Renga. Y es increíble el despliegue de Tete, con su bajo disparando hacia todos lados, no se cansa de correr, saltar, buscar cada rincón del escenario, sin mostrar bajones en este desplante.

“En El Baldío” hizo corear tan fuerte al público, que por momentos la voz de Chizzo no se escuchaba. De seguro han de haber estado con la piel de gallina disfrutando. Y los que no, erizaron cada pelo con “La Balada del Diablo y la Muerte”. Clásico de su discografía que obligó a iluminar el recinto con los celulares, y corear desde el alma, con la clásica sección cantada sólo por el público, que marca un punto de inflexión en la noche.

“Al Que He Sangrado” vuelve a llenar de rock and roll cada espacio, y nos muestra a un Tete incombustible, renacido, aún cuando nunca se haya visto agotado, sino que simplemente haya bajado un poco.

“Arte Infernal” tiene un saxo potente, como siempre, y muestra a un Chizzo en pose agresiva y provocativa, demostrando que el espectáculo no baja de intensidad, sino todo lo contrario.

“El Rey De La Triste Felicidad” los pone a todos a saltar y corear ese clásico riff de guitarra. Se respira genuina emoción y ganas de que esto no acabe, aún cuando se empina en las dos horas cuando finaliza con “El Viento Que Todo Lo Empuja” y un grupo de bronces sobre la tarima, y “La Razón Que Te Demora”, primer hit editado posterior al encuentro con Chile en 2002, y que lleva al recinto pleno a un éxtasis total.

Después de varios minutos de impaciencia, los de Mataderos vuelven para, ahora sí, finalizar en grande con “A La Carga Mi Rock and Roll”, “Oscuro Diamante”, “El Final Es En Donde Partí” y el cierre de siempre, que nos entrega la declaración de principios favorita de todos: “Hablando de la Libertad”, con un canto de puños apretados, que nace directo desde el corazón. Mismo corazón que la banda nos entrega en su show en vivo, uno impecable, con un set tremendo, intenso, y una energía que parece emanada de una fuente inagotable. Un reencuentro soñado que salió como todos queríamos.

Revisa la galería de imágenes a continuación:

Galería | La Renga en Movistar Arena

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