En un día que no parecía de primavera, vivimos la jornada inaugural del gran espectáculo que es Primavera Sound. Un festival nacido en Barcelona que busca replicar su éxito dejando huella en Chile.

Una jornada algo helada, pero agradable sin lugar a dudas, fue la que recibió a quienes llegaron a vivir esta experiencia, que comenzó en el Escenario Puntoticket con una de las bandas más interesantes a descubrir en el cartel: Derby Motoreta’s Burrito Kachimba, españoles que cultivan un rock muy original, basado en la mezcla con sonoridades gitanas y flamencas, que le otorgan a su música gran profundidad y una intensidad marcada y particular. Aún hay poca gente, lo cual se lamenta ya que un show así no se ve todos los días por estos lados. Canciones como “The New Gizz” derraman sentimiento y una vibra rockera sólida, ante los aplausos del público, que sigue atentamente cada movimiento en el espectáculo.

Nos trasladamos al Escenario Santander, frente al anterior, para el show de Christina Rosenvinge, que da el vamos con “Tú por mí”, haciendo que la melancolía se apodere de muchos. No de todos, porque gran parte del público es muy jóven y no vivieron los años de mayor fulgor por Christina y Los Subterráneos. Aún así, la artista dejó himnos en la música popular que cada tanto se escuchan nuevamente. Han pasado 30 años desde esta época y Christina lo recuerda emocionada. Suenan todos los clásicos infalibles, ya que dedicó la ocasión a tocar completo el disco “Que Me Parta Un Rayo”, así que escuchamos “1.000 pedazos” y “Voy en un coche”, casi al final, zamarreando a un público que ha disfrutado, pero más estático hasta ese momento.

Chai es una banda que deleita a todos los amantes del k-pop, pero que lleva a cabo una ecléctica mezcla con pasajes oscuros y momentos rockeros, incluyendo solos de guitarra y batería de parte de sus integrantes. La energía y fuerza visual caracterizó el show de estas japonesas, que prendieron a un público que se sentía en su salsa con la propuesta no apta para viejos vinagres que despliega el aplicado grupo oriental.

Nos movemos de nuevo para presenciar a Kevin Kaarl, un cantautor mexicano de corte minimalista, que ha calado hondo en las nuevas generaciones, lo cual queda de manifiesto desde la entrada con la efusiva reacción del público al verlo y al interactuar con él. Kevin toca guitarra y canta en un tono bajo, contraponiéndose al clásico canto más agudo y a lo dulce de sus melodías, pero usándolo a su favor para dar una profundidad que parece significar mucho para todos sus seguidores, quienes lo transformaron en un fenómeno en internet. Lo acompaña su hermano Bryan Kaarl, quien interpreta teclados, trompeta y segunda voz, completando la banda con un baterista. Canciones como “Te Quiero Tanto” y “San Lucas” deleitan a una emocionada audiencia.

A las 19:50 llegó el momento punk-rock de la jornada, con la potencia y el despliegue del experimentado grupo chileno Fiskales Ad-Hok, quienes parecían pegados a la fuerza con el resto del cartel del día, pero que tenían a sus seguidores al pie del cañón, y entusiasmaron a incondicionales y curiosos rápidamente.

“Caldo e Caeza” de su disco “Fiesta” comienza a armar eso mismo, pero esta es una fiesta punk que quiere arrasar a todo y todos. Álvaro España muestra su gratitud, señalando que el festival está lindo, con un buen sonido, pero que no debemos olvidar el país en que vivimos, incluyendo las injusticias que se viven en él. “El Patio Con Rejas en el Cielo” es dedicada a los presos del estallido, movimiento que fue mencionado varias veces durante el show. Los fans de Fiskales son intensos, bailan, saltan, gritan empuñando al cielo y arman algunos mosh en los momentos más prendidos. “Palo Sin Bandera” condensa la rabia de muchos, y se ha convertido en uno de los nuevos clásicos de la banda, sumándole que con este tema vivieron uno de los momentos más controvertidos en Lollapalooza hace algunos años, mostrando a distintas figuras de la política atravesados por un palo que les mutilaba la cara. Momento notable fue cuando Álvaro pregunta “¿Qué chucha es una barra sobria?” por el particular cartel de los puestos expendedores de líquidos en el festival, causando una risa generalizada. Enseguida, azotan con “La Mancha del Jaguar”, un tema acelerado, que intensifica el ánimo también.

Fiskales Ad-Hok es una banda de gran recorrido, y recuerdan que van por los 35 años de carrera ya, en donde han sido una de las agrupaciones más constantes, y eso se reconoce. “No Estar Aquí” cala hondo por su trascendencia, al igual que “Lindo Momento”, menos popular pero nunca menos importante en una discografía esencial para el punk chileno. La banda suena potente, con algunos momentos de acople que nunca incomodaron, menos si sabes que lo que presencias es un show de punk-rock. En su despedida, Álvaro España sentencia: “Vayan sin Dios, y los queremos más que sus putos padres”. Declaraciones de principios hasta el último. Con todo.

Así, vamos cerrando la primera jornada, tomando impulso para continuar, dando inicio al show de Beach House, dúo estadounidense esperado y disfrutado por una gran multitud, por mucho, la más grande de este primer día.

Beach House despliega sonidos espaciales de ensueño, por algo llamado “dream pop”. Tienen bases que profundizan los ambientes, pero también se acompañan por un baterista en vivo. Alex Scally es el guitarrista que envuelve las canciones con sus arpegios, y Victoria Legrand la cantante, que seduce con su cobijadora y dulce voz. En uno de los momentos de comunicación con la audiencia se muestran felices de poder tocar un set completo esta noche, pues normalmente en los festivales deben acortar. La gente disfruta y la banda también.

Primavera Sound incluye también un escenario de música urbana, sectores de descanso, de baile, de hidratación y bastantes y variados puestos de comida, muy accesibles y expeditos, que comienzan a delinear lo que espera ser una experiencia redonda. Seguimos en ello.

Fotos de la producción del festival.

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