La tarde del sábado 31 de enero comenzó con cielos amenazantes que observaban el arribo de miles de fanáticos y que no temían ni mínimamente la llegada de la lluvia. Motos, familias y lienzos estaban presentes masivamente en los alrededores del Parque Ciudad Empresarial y demostraban que lo de La Renga en Chile, y valga decir, el Cono Sur, es religioso. Entre sus ritos está el abrazo de Tete, querido bajista de la banda, que en esta ocasión también recibió cariñosamente a quienes ingresaron raudos a ocupar los primeros espacios del recinto.

En cuanto a la música, a las 18:30 puntual comenzó con los chilenos Samsara, autodenominados “la última gran banda de rock chileno”, que con guitarras potentes y fuerte energía sobre el escenario mostraron ser una elección adecuada para abrir la noche. La codicia de su autodenominación no debe inhibir nuestra atención a sus agradables y estilosos sonidos.

Luego fue el turno de Mandrácula, que llegó acompañada de una potente pero breve lluvia. El renguerismo enfrentó las gotas con la pasión propia de su familia musical y disfrutó a la banda santiaguina que con crudo rock and roll y un lenguaje arrojado se familiarizó cómodamente con la tarde, incluso alargando el set y presentando canciones que advierten un nuevo disco. 

La Renga debía salir a las 21:00 al escenario para cerrar una gira que los había llevado también por Brasil, Uruguay y Paraguay, pero el público estaba impaciente, coreando “Reveldes” que deseaban “el maldito rock” lo antes posible. Era un público diverso en edad y origen, pues muchos habían cruzado la cordillera para seguir a sus músicos y líderes espirituales. La energía estaba contenida en quienes saltaban, coreaban como barras bravas y ondeaban banderas sin desear esperar un segundo más. 

Minutos antes de la hora prevista, la banda salió al escenario y desató la energía con la elegida para abrir cada concierto de esta gira: “Buena Ruta Hermano”, una de las tres canciones especialmente escrita para musicalizar su documental “Totalmente Desposeídos” (2024). Al finalizar la canción se anunció que el concierto sería transmitido por Youtube, debido a que el cruce cordillerano había sido cerrado y muchos rengueros habían sido impedidos de continuar hacia el concierto. Chizzo confirmaba al público con esto que eran una familia. 

Continuaron canciones que en la primera hora no desgastaron ni un ápice la energía del público y que recorrieron vertiginosamente la discografía de la banda. Los bronces aparecieron tempranamente, pero tomaron importancia gradual en el concierto desde “Desnudo para Siempre (o Despedazado por Mil Partes)”.

Inmediatamente después vino “Motoralmaisangre”, antecedida por otra revelación de los rituales de la banda, pues agradecieron a la motoquera Nelly, ídolo de Chizzo y quien, desde el cielo, junto a San Martín, permitió que la banda cruzara sin problemas la cordillera. La voz de Nelly sonaba en la armónica que llamó al energético respeto de los argentinos que colmaban el espacio. 

Con “Ese Lugar de Ninguna Parte”, la banda volvió a “Alejados de la red” y con ello tomaron notoriedad “Las Cucarachas de Bronce”, la destacada sección de vientos que acompaña a la banda en canciones fundamentales del repertorio. 

Un momento clave de la noche llegó con la “Balada del Diablo y la Muerte”, que se coreó en cada rincón del recinto y que también tomaba de la mano a la fanaticada hacia una seguidilla de hitos musicales que comenzaban a cerrar la noche: “El Viento que Todo Empuja”, “La Razón que te Demora” y “El Final es en Donde Partí” cerraron dos horas de show antes de proceder a un ansiado encore. 

La parte final del espectáculo, comenzó con el mantra renguero: “me gusta el rock, el maldito rock”, coreaban miles de “reveldes”. “Panic Show” y “Oscuro Diamante” fueron cantadas hacia el cierre con la energía de un concierto que recién comienza, pero “Hablando de la Libertad” anuncia el decisivo final por sí misma, al ser la elegida ya común para finalizar el ritual. 

Luego de entregar toda su clásica voz, energía y vueltas por el escenario, los miembros se despidieron prometiendo no demorar nuevamente tanto en volver a nuestro país. Abrazos y cariño entregados a una fanaticada que no tiene ningún interés en los mapas, sino en destruirlos con coros, motos y rock and roll.