Reencuentros, agradecimientos, invitados y una sala repleta marcaron el esperado regreso de Ángelo Pierattini a los escenarios tras los meses más complejos de su vida. Acompañado por músicos fundamentales en distintos momentos de su trayectoria, el líder de Weichafe recorrió buena parte de su catálogo en una noche donde la emoción estuvo presente tanto arriba como abajo del escenario.
Antes de que comenzara el concierto, ya había una certeza compartida por buena parte de quienes repletaron el Teatro Nescafé de las Artes: la sola realización del evento era motivo suficiente para asistir. Hace apenas unos meses, Ángelo Pierattini permanecía internado luego de sufrir un grave accidente automovilístico que lo mantuvo en riesgo vital. La incertidumbre respecto de su estado de salud movilizó muestras de cariño provenientes de colegas, amigos y seguidores de distintas generaciones. Por eso, la fecha del 4 de junio de 2026 adquirió un significado especial dentro de su trayectoria. No se trataba únicamente de un nuevo concierto, sino de su regreso a los escenarios.
La cita también marcó el retorno de Pierattini al mismo recinto donde el año pasado presentó en sociedad su disco homónimo. Sin embargo, esta vez la atención estaba puesta en el músico y en la posibilidad de volver a verlo sobre un escenario.
La espera terminó cuando apareció entre el público con su guitarra al hombro para interpretar “Las cosas simples“, canción originalmente publicada por Weichafe que sirvió de punta de lanza para un recorrido por buena parte de su trayectoria, marcado en todo momento por el agradecimiento. “Estoy vivo todavía, cabros. Gracias por esta noche“, señaló en uno de los primeros momentos en que tomó la palabra, provocando una temprana ovación.

Acompañado por Diego Peralta en bajo, Felipe “Metraca” Salas en batería, Pablo Jara en guitarra y Dominga Corral en acordeón, el músico fue alternando canciones de distintas épocas. Sonaron “Soy un aprendiz“, “Qué simple vibra nuestro amor“, “Ella y yo“, “La Fiesta“, “Lo que se ve no se pregunta“, “Subiré a lo alto / Pasarita” y “Así fue“, la recordada reinterpretación del clásico de Juan Gabriel que Weichafe incluyó en el EP Nacemos Libres (2018), dando forma a un repertorio que transitó entre el rock, la canción de autor y la raíz popular que han caracterizado su trabajo durante las últimas décadas.
Ángelo Pierattini y una noche de reencuentros
Los invitados también tuvieron un papel importante dentro de la velada. Tata Barahona apareció para interpretar “Carita de gato“, el clásico de Jorge González cuya versión Pierattini incluyó en Soy un aprendiz (2021), mientras que Carlos Cabezas se sumó más adelante para revivir “El adiós“, una de las canciones de Cordillera, el trabajo conjunto que ambos músicos publicaron en 2024.

Hubo espacio para momentos más distendidos, como cuando invitó a personas del público a probar suerte con su guitarra eléctrica. También para otros de carácter más personal. Uno de ellos llegó cuando recordó algunos de los momentos más complejos que ha debido enfrentar durante este año y que, en pocas semanas, enfrentará un desafío completamente distinto: convertirse en padre. Fue entonces cuando dedicó “Ay morena” a su pareja, generando una de las ovaciones más cálidas de la noche.
Uno de los segmentos más significativos llegó junto a Pablo Ilabaca. Compañeros de ruta desde hace décadas, compartieron escenario para hacer “Tontos bichos de hoy” y una interpretación libre en español de “In My Life“, clásico de The Beatles que pareció encajar perfectamente con el espíritu de la jornada. Tras la primera de ellas, Ilabaca se mostró visiblemente emocionado, generando uno de los momentos más genuinos de la noche.

Tras ese pasaje, la energía cambió por completo. Pierattini abrió espacio al repertorio de Weichafe, la banda con la que construyó buena parte de su trayectoria y que sigue ocupando un lugar fundamental dentro del corazón de sus seguidores.
“Respiro la luz del sol“, “5:30 AM“, “Pan de la tarde“, “Ripio y soledad“, “La fuerza viene de la tierra” y “Pichanga” desataron los cánticos de “¡Weichafe, Weichafe!” desde distintos puntos del teatro. A 24 años de la publicación de Disco Rojo, aquellas canciones siguen generando exactamente la misma reacción que a comienzos de los 2000: una audiencia que conoce cada verso de memoria y que los canta con la misma intensidad de entonces.

El primer bis de la noche trajo una de las mayores novedades del concierto. “No estoy muerto, espérame” tuvo su estreno absoluto en vivo apenas unos meses después del accidente que inspiró su composición. Fue también durante el tramo final del concierto cuando se produjo uno de los momentos más inesperados de la jornada. Mientras recorría sectores cercanos al público, Pierattini reconoció a un hombre que le había estado hablando durante distintos momentos de la presentación. Al acercarse descubrió que se trataba de quien fuera su profesor de Historia en el Liceo A-12 Arturo Alessandri Palma. La sorpresa provocó risas tanto arriba como abajo del escenario y terminó con el músico acercándose para cantarle directamente a quien décadas atrás lo tuvo como alumno.
Quedaba una última canción. Apenas iniciada “Menta, miel y sangra“, Pierattini detuvo brevemente la interpretación para pedir que todos se pusieran de pie. Quería que el último “salmo” de la noche fuera compartido por toda la sala. El público respondió de inmediato y acompañó el cierre de una presentación de poco más de dos horas.
Hace algunos meses, la principal preocupación en torno a Ángelo Pierattini era su estado de salud. Anoche, en cambio, el foco fue el repertorio, la trayectoria, los invitados, los reencuentros y los proyectos que vendrán. Señales de que la batalla más difícil quedó atrás, pero no así el combate. Ese continúa.

