La noche del viernes 4 de septiembre, el barrio Bellavista se vistió completamente de negro. En la misma calle, en una esquina se presentaba Michale Graves, ex vocalista de la época noventera de los Misfits. Y justo en frente, en sala Metrónomo, el power trío argentino A.N.I.M.A.L. festejó los 30 años de su trabajo “El Nuevo Camino del Hombre”, pieza que la banda había “amenazado” con tocar completa, en orden, acompañada con más clásicos de su repertorio habitual en un show de larga duración y ese conjunto desató que nuestro lado más latino se conectara con esa lejana juventud de antaño y preparamos la garganta, los codos y las rodillas, para gritar, empujar y saltar al ritmo de una de las bandas que nos dio cátedra de cómo ser metaleros en nuestro idioma.

La fiesta estaba convocada a las 21 horas y desde las 20 la gente comenzó a llenar la sala. A las afueras los puestos de merch presentaban sus gangas con gorros, poleras, parches y chapitas. Mientras que los vendedores callejeros de cerveza hacían “grito y plata” en toda la cuadra. La audiencia congregaba distintos espectros etáreos, pero sin duda la generación de los noventas, quizás hoy con un dejo pendenciero en el andar, relucía sus mejores pilchas y mientras empinaban una lata de gaseosa fermentada avanzaban lentamente al interior.

Un poco pasaditas las 21 horas, las luces se apagaron y la ovación ensordeció la sala Metrónomo. Una pantalla en el fondo tenía escrita la palabra A.N.I.M.A.L. y una secuencia elevó la adrenalina. El riff de “Guerra de Razas” comenzó a sonar y como en una máquina de pinball, la bolita ya corría y solo dependía de nosotros no dejarla caer. Chile respondió. La gente saltó y coreó cada uno de los tracks del “El Nuevo Camino del Hombre”. 12 canciones que conforman esta obra, de la cual al menos sus 4 sencillos eran infaltables en cualquier cassette de compilados de la época (El nuevo Camino del Hombre, Sol, Lejos de casa y Chalito) Un poco más de 40 minutos de nostalgia de un álbum que resonó tanto en la televisión por cable, en los programas de difusión musical que vestían la programación de todos los canales de la televisión abierta y por supuesto las parrillas de las radioemisoras que tocaban rock en esa época.

Pero esto no se quedó ahí. Andrés Giménez (voz y guitarra), Cristian “Titi” LaPolla (bajo y voz) y Marcelo Castro (batería), hicieron gala de lo que significa ser un power trío, luciendo sus capacidades técnicas y simplemente apabullando las dudas que podrían haber existido de algunos fanáticos respecto a que no es la formación original. Los argentinos sonaron como un cañonazo y conectaron con todo el público en cada uno de los hits que vistieron el resto del repertorio de una patada de nostalgia, hardcore, punk y por supuesto metal.

Mensaje de barrio, de calle, identidad y resistencia. Un oficio que la banda maneja hace décadas y que Andrés lo explota con una cercanía y humildad que sorprende tras los años. 24 canciones, casi 2 horas de show. Un gran festejo con una sala repleta, dejando claro que el metal y el rock están más vivos que siempre, que la actitud del hardcore punk sigue siendo una herramienta de unificación y fraternidad, que los verdaderos códigos están en la búsqueda, en el mestizaje sonoro, la experimentación y por supuesto la originalidad. Dejando demostrado que A.N.I.M.A.L. es y seguirá siendo un referente latinoamericano, que claramente representa una época y no volverá a estar en la cima de los espacios comerciales, pero sí en la memoria de los amantes de la música, orgánica y con actitud que aunque no lo crean se nota que está de vuelta.

Y así partimos el regreso a casa, agradecidos con A.N.I.M.A.L., satisfechos y agotados, pero contentos de haber presenciado en directo el tutorial de cómo ser punk y no morir en el intento, de cómo hacer cantar a un grupo de cabros cerveceros y cómo conectar el espíritu con la calle y con el amor por la música. Nos vemos hasta la próxima.

Galería | A.N.I.M.A.L. en Sala Metrónomo