Paul Gilbert volvió a Chile en el marco de su “WROC World Tour” para presentar su más reciente disco de estudio, “WROC”, trabajo en el que transformó antiguas reglas de civilidad asociadas a George Washington en canciones de rock. La cita fue en el Teatro Cariola, en una jornada donde la guitarra fue la gran protagonista.

La noche comenzó puntualmente a las 20:30 horas con Claudio Cordero. En formato power trío, el guitarrista chileno, durante los 35 minutos que estuvo en el escenario, instaló el tono de lo que vendría después: técnica, energía y un repertorio construido alrededor de las seis cuerdas. “Outatime” y “Psychoswing” abrieron una presentación que también pasó por “Letting Go”, “7 Días”, “Retrospectivas” y “Adicción”, cruzando material ligado a su disco “Quazar” y composiciones más recientes.

Cordero se mostró cómodo sobre el escenario, conversó brevemente con el público, presentó a los músicos que lo acompañaban y dejó espacio para exhibir una experiencia que a estas alturas está fuera de discusión. La recepción, eso sí, fue más bien tibia. El público escuchó con atención, pero sin grandes momentos de entusiasmo, una tónica que, con distintos matices, se mantendría durante buena parte de la jornada.

Galería | Paul Gilbert: Claudio Cordero en Teatro Cariola

Tras la presentación de Cordero, vino una pausa de unos 25 minutos donde el recinto recibió más asistentes, aunque la convocatoria general fue más bien baja. Esta situación quizá encuentra respuesta en una agenda particularmente cargada de conciertos, donde no todos los shows logran convocatorias masivas y es difícil que los fanáticos puedan ir a todo lo que quisieran. Aun así, se agradece que las productoras hayan mantenido el evento y permitieran ver nuevamente en Chile a uno de los grandes músicos de las últimas décadas.

A las 21:30, Paul Gilbert y su banda aparecieron en escena. El estadounidense preguntó si estábamos preparados para rockear y, sin demasiados rodeos, abrió con “Crazy PG Medley”. Ya en los primeros riffs Gilbert recordó por qué sigue siendo uno de los guitarristas más reconocibles de su generación: velocidad, precisión y un dominio técnico impresionante.

Luego llegaron “Let Thy Carriage”, “Spark of Celestial Fire” y “Every Action Done in Company”, tres composiciones de “WROC” que demostraron que el nuevo material funciona muy bien en directo y que las canciones son frescas y entretenidas. Tras “Let Thy Carriage”, Gilbert presentó a la banda, integrada por Doug Rappoport en guitarra, Timmer Blakely en bajo y Jeff Martin en batería. La química entre ellos fue uno de los puntos altos de la noche. 

Especialmente atractivos fueron los cruces entre Gilbert y Rappoport. Después de “Every Action Done in Company” llegó un breve duelo de guitarras que entregó un matiz dentro de la progresión del show. Martin aportó energía desde la batería, mientras Blakely sostuvo las canciones con una presencia más sobria, pero igualmente efectiva.

El concierto también supo entregar dinamismo, ya que hubo pasajes instrumentales, cambios de guitarra y un solo acústico de Gilbert que marcó uno de los primeros momentos en que el público se vio más animado.

La segunda mitad de la presentación nos entregó algunos covers, por ejemplo “Thunderbird” de ZZ Top, “Last Child” de Aerosmith y “Brand New Key” de Melanie. Sin embargo, el momento de mayor energía fue con la interpretación de “Baba O’Riley” de The Who y con “Rock and Roll” de Led Zeppelin. Sin duda, fue el momento más alto de la noche.

Vocalmente, Gilbert cumplió con lo que exigía el set. Su interpretación se sostuvo más en la personalidad que en el despliegue vocal, complementando adecuadamente el protagonismo instrumental. Además, el trabajo de las armonías reforzó las canciones de “WROC”, un material donde la voz adquirió una presencia mayor que en otros momentos del setlist.

El show continuó hasta las 23:10 con “Show Not Yourself Glad (at the Misfortune of Another)” y el cierre con “Go Not Thither”. Durante una hora y cuarenta minutos, Gilbert combinó el material que motiva esta gira, pasajes instrumentales y clásicos del rock, construyendo una presentación equilibrada y con distintos momentos de intensidad.

Raya para la suma, fue un buen concierto: entretenido, musicalmente sólido y con un sonido a la altura. La nota gris estuvo en una convocatoria reducida y en una respuesta mayormente contemplativa del público. Pero incluso en ese contexto, Gilbert confirmó por qué continúa siendo uno de los guitarristas más reconocidos de su generación. Tras la presentación, queda la impresión de que, después de décadas de carrera, el estadounidense todavía tiene bastante que decir con una guitarra entre las manos.

Galería | Paul Gilbert en Teatro Cariola