Como es tradición ya en diciembre, Rock Legacy volvió al Festival In-Edit para sumergirse en algunas de las historias más potentes que ofrece el cine documental musical. La edición 2025 llegó con una programación diversa que va desde figuras icónicas del rock alternativo hasta retratos íntimos de militancia artística y memoria colectiva.

Entre todas las obras exhibidas, destacamos tres por la profundidad de su propuesta y la forma en que dialogan con el presente: la mirada íntima hacia Jeff Buckley, el retrato político y experimental de John y Yoko, y el archivo vivo de Fugazi construido desde su propia comunidad. A continuación, te dejamos nuestras impresiones:

“It’s Never Over, Jeff Buckley” – Dir. Amy Berg (2025)

El documental dirigido por la experimentada Amy Berg construye un retrato cercano de Jeff Buckley, una de las figuras más influyentes de la escena alternativa de los años noventa. A través de testimonios de su madre, amigos cercanos y parejas sentimentales, además de músicos como Aimee Mann o Ben Harper (y los fugaces comentarios de Alanis Morissette o Chris Cornell), la cinta muestra tanto su talento vocal y musical como la huella que dejó en toda una generación de artistas, y lo más relevante, lo más profundo de su intimidad.

La película recorre su infancia marcada por la ausencia de su padre, Tim Buckley, y sus primeros pasos en el Café Sin-é, espacio clave para el surgimiento de su carrera. También aborda con honestidad sus conflictos internos, su relación con las drogas y el alcohol, la dificultad para manejar la fama y su diagnóstico de trastorno maníaco-depresivo, además de su etapa final en Memphis, donde murió en circunstancias aún rodeadas de misterio al ahogarse en el río Wolf.

El relato está fuertemente guiado por la mirada de su madre, Mary Guibert, lo que se percibe en ausencias significativas como la de Gary Lucas o Elizabeth Fraser. Aun así, el documental se sostiene como un material valioso para entender al Jeff humano detrás del artista, avanzando con un ritmo ágil y respetuoso.

En conjunto, es una pieza recomendable y necesaria para quienes quieren profundizar en el legado de uno de los músicos más sensibles y particulares de su generación. Totalmente imperdible si eres fan de “Grace” (1994).

“One to One: John & Yoko” – Dir. Kevin Macdonald y Sam Rice (2024)

Esta curiosa cinta propone una aproximación distinta al periodo más politizado de John Lennon y Yoko Ono durante su vida en Nueva York. En lugar del formato habitual basado en entrevistas, la película arma su relato a partir de grabaciones telefónicas de la pareja, mezcladas con imágenes de archivo, apariciones televisivas y fragmentos de la convulsionada realidad estadounidense bajo la administración Nixon. El resultado es un montaje arriesgado que, lejos de sentirse frío o experimental por gusto, termina siendo el gran acierto del documental: a medida que avanza, cada pieza encuentra su lugar hasta construir un retrato coherente y profundamente humano.

El eje narrativo es el concierto benéfico One to One en el Madison Square Garden, organizado para ayudar a los niños de la Escuela de Willowbrook, institución expuesta por sus deplorables condiciones de trato y de la cual, nos cuentan, la pareja quedó totalmente afectada al verlo en las noticias por la TV.

Entre preparativos, discusiones y reflexiones políticas, el filme muestra a un Lennon activista cuyo mensaje incomodó lo suficiente como para que Nixon intentara expulsarlo del país en apenas 60 días. La cinta logra equilibrar la intimidad doméstica con el contexto histórico y ofrece una mirada fresca a una etapa clave del músico y su compañera. Una obra sólida y una de las sorpresas más destacadas de esta edición del festival.

“We Are Fugazi from Washington, D.C.” – Dir. Joe Gross, Jeff Krulik y Joseph Pattisall (2023)

El largometraje es un documental tan consecuente como la banda que retrata. Fiel al espíritu autogestionado y comunitario de Fugazi, la película se construye íntegramente a partir del material registrado por fans a lo largo de dos décadas: conciertos, pruebas de sonido, conversaciones improvisadas y entrevistas hechas sin acreditación ni permisos especiales. La banda siempre mantuvo una política de puertas abiertas, permitiendo que cualquiera registrara su música sin importar si pertenecía a un medio o solo tenía una cámara en la mano. Esa misma filosofía es la columna vertebral de este antidocumental, que rehúye las entrevistas formales o las explicaciones externas para dejar que las imágenes hablen por sí solas.

El filme puede resultar menos accesible para quienes no conocen a la banda de post hardcore, ya que gran parte de sus 96 minutos está dedicada a mostrar los resgistros de presentaciones en vivo. Sin embargo, esa decisión termina siendo también su mayor virtud: el grupo liderado por Ian MacKaye fue, ante todo, una banda que alcanzó su forma más pura sobre el escenario, y el montaje muestra esa energía con una honestidad que difícilmente podría lograrse de otra manera.

Más que un repaso histórico, la cinta funciona como un archivo afectivo armado por la propia comunidad que creció en torno al grupo. Una apuesta distinta dentro de la programación de In-Edit y, sin duda, uno de nuestros hallazgos más valiosos.


Tres películas distintas en forma y espíritu, pero unidas por algo fundamental: la búsqueda de comprender a los artistas más allá de la superficie, ya sea a través del testimonio cercano, el rescate de archivos o la fuerza de la autogestión. In-Edit 2025 volvió a demostrar por qué sigue siendo un espacio imprescindible para la memoria musical y sus múltiples relatos. Así, nuevamente Rock Legacy estuvo presente en el festival de documental musical más importante de Latinoamérica para demostrar que todavía hay historias que vale la pena seguir escuchando y revisitando.

Por Jorge Bolton Lagos

Bioquímico, músico y fanático de la música.