Profano vuelve con el sucesor del disco “Las guitarras contra las máquinas”, un gran trabajo que los posicionó dentro de lo mejor del rock en 2019. La vara estaba alta, pero en “La Soledad de los Mundos”, la banda se maneja  a la altura y con comodidad.

El disco abre con “Arma secreta”, que ataca con una urgencia que contagia y se torna adrenalínica. Sus riffs son un golpe que engancha, cumple con atraparte en el inicio de un trabajo que, les adelanto, se pone cada vez mejor.  “Calaveras” se siente como la continuación natural del primer track, sin bajar el nivel de adrenalina, pero agregando medios tiempos que suman emoción continua para un temazo con vocación de himno. “Respira las balas” y “La gran estrella” tienen elementos del heavy metal clásico, con solos incendiarios y tremendas armonías a lo Adrian Smith-Dave Murray que van a calar hondo en cualquier amante del rock. “Culebra” suena a entrada, dándole la bienvenida a la segunda mitad del disco, una mitad más oscura y algo más extensa. Es el tema más largo, pero con suficientes matices y variantes para mostrarse seductor en todo su recorrido, desempolvando el repertorio completo de lugares que puede recorrer su música, con sonidos que perfectamente podrían haber salido de un disco de Accept, y en ciertas partes, de uno de Pantera, en el que a mi gusto es el mejor tema del disco. “El odio es mi condena” comienza tenso y misterioso, para dar paso al buen hard rock y un nuevo desplante de riffs y arreglos precisos. Al comenzar “Corona de espinas” tenemos una nueva dosis de sonidos pesados que confirman además que la segunda mitad del disco es más oscura y densa. El cierre está lleno de calidad con “Divagando”, el otro tema que se extiende más allá de los cinco minutos y que es un deleite con su comienzo a lo Jeff Buckley, los solos de guitarra apasionados e irresistibles, y el vuelco hacia el hard rock con base folclórica, que le entrega una frescura notable al cierre de la canción y una dinámica que ya se torna como un sello del disco, porque el que crea que por escuchar un hard rock de veta clásica se va a encontrar con una experiencia plana, no podría estar más equivocado.

Podría parecer fácil crear discos de hard rock, de influencia marcada en lo clásico, pero no lo es. Quizás cualquiera puede repetir la fórmula, pero no cualquiera tiene el don de crear buenas canciones ni temas memorables. Punto aparte, y que demuestra que nada es dejado al azar, es el prolijo arte del disco a cargo de los prestigiosos y laureados Médu1a, potente y directo en atrapar el concepto y darle una identidad clara al lanzamiento de la banda. Impecable trabajo.

El buen gusto y la onda se encuentran de sobra en este disco: hay ideas, hay ingenio, y además hay trabajo detrás, en busca de que el material nunca se torne plano y sea dinámico, lo cual lleva a que tampoco sea tan obvio encasillarlo en un sitio, y lo más importante, a que los 31 minutos de escucha pasen volando.

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