La noche de ayer, The Brian Jonestown Massacre transformó el recinto en un templo, un espacio suspendido donde la distorsión, los paisajes psicodélicos y la figura enigmática de Anton Newcombe dominaron la atmósfera durante casi dos horas de trance colectivo; un encuentro hipnótico, una demostración de que la leyenda del rock alternativo no necesita artificios ni discursos para imponer su presencia. Antes de que Brian Jonestown Massacre tomara el escenario, la apertura del show estuvo a cargo de dos bandas chilenas que iniciaron el camino a este trance psicodélico.
La jornada abrió con Special Cases que entran con una confianza sólida, propia de una banda que ha tocado escenarios importantes y que entiende muy bien qué significa abrir para una banda como BJM. Fue un murallazo de guitarras reverb y distorsión, con un sonido que navegó entre el shoegaze clásico y una vibra postpunk que los hace destacar dentro de la escena local. Un ruido controlado mezclado con sonidos melódicos.
Special Cases, proviene de ex integrantes de Follakzoid y Chicos de Nazca, “Parte de los integrantes se radicaron fuera del país, y los que quedamos en Chile quisimos seguir tocando formando esta nueva agrupación. Llevamos ya una larga trayectoria con 7 discos editados, del sello BYM Records, hacemos un rock psicodélico, con mezclas de brit pop con melodías intrínsecas” nos comenta la banda. Se aprecia una banda de amigos que busca pasarlo bien, y eso se demuestra en el escenario
Luego siguió Dinastía Moon, quienes mezclando distintos sonidos e instrumentos lograron llamar la atención, como si estuvieran preparando al público para un viaje más profundo. Con temas como “Chaman”, “Spaghetti Western” e ”Isla Friendship”, desplegaron una energía brutal que nos mostraba a esta banda de neopsicodelia, con sonidos de guitarras, y variados instrumentos como sintetizadores, sitar, batería, etc. “Con esta fecha parte nuestra gira, “Tour Dimensional”, que incluye 10 fechas por el sur de Chile, donde promocionaremos nuestro disco vinilo “Dimensional”; hacemos psicodelia, música del mundo, Algo Records, nos dijo que hacíamos “ragga rock”, tenemos influencias orientales, latinas, harta percusión sin dejar de lado los sintetizadores, y las guitarras, una mezcla entre música de los 70¨s y la actual”, nos comentan sus integrantes
Luego se venía lo esperado, con un público ansioso, fiel intenso, casi devoto, aparece BJM, sin anuncios, sin introducciones, bajo una luz tenue que parecía salida de un club europeo de los ’90, logrando un estallido del público antes incluso del primer acorde.
Anton Newcombe, la figura central, distante y magnética, con su postura imperturbable, casi sin mirar al público, cantando de lado y otras veces de espalda “el lenguaje BJM”, con la misma actitud que ha cultivado durante décadas, concentrado, algo hermético.
Comenzaron el ritual con “Whoever you are”, y “Vacuum Boots”, con un total de 14 temas, incluidos sus clásicos “Anemone”, “Pish” y “Servo” entre otros. Entre varios temas hubieron pausas prolongadas, en que el sonido de guitarras y sintetizador continuaba eternamente, mientras Anton se tomaba un trago y conversaba y abrazaba a Joel, como si de un ensayo se tratara, no estaba el público sólo la banda, tocando y conversando entre ellos. A diferencia de otras bandas donde cada interrupción se llena con discursos, chistes o interacción, BJM dejó que el silencio entre algunos temas hiciera su trabajo. Ese tipo de pausas, incómodas para un show convencional, aquí se sintieron como si el público fuera parte de algo íntimo, parte del ritual.
E
l sonido fue compacto, preciso, muy por encima del promedio para un show psicodélico. Si bien Newcombe no interactuó demasiado, la banda recibió un feedback emocional enorme del público. Los fans corearon los temas, y con gritos de “te amo Anton”, “Anton Idolo”, el sólo escuchaba y hacia una reverencia a su público, casi de una forma teatral pero honesta, generando conexión con el público chileno, una comunión sin palabras.
Y al finalizar el último tema “Super Soonic”, (posterior a otra pausa), no hubo despedidas, no hubo vuelta al escenario, sin encore, sólo terminaron el tema con un sonido que se mantuvo, dejando que sonara y simplemente salieron del escenario. El público quedó unos segundos sin saber si gritar o quedarse en silencio mirando el escenario vacío, como quien vuelve del inframundo y necesita unos segundos para recordar quién es. Fue un final abrupto, pero profundamente coherente con lo que BJM representa arte sin adornos.
La presentación de The Brian Jonestown Massacre en Chile fue un viaje hipnótico, más cercano a una experiencia sensorial que a un concierto tradicional. Con pausas intensas, actitud introspectiva y un dominio absoluto del sonido, la banda reafirmó por qué sigue siendo un referente único dentro del rock psicodélico moderno.
Anton, si hay un líder que no necesita hablar, es él. Su actitud es la misma que desde sus inicios, distante, pero de presencia absoluta, y que en cualquier minuto puede transformar la quietud en caos. Un tipo que vibra a una frecuencia que el resto apenas alcanza a percibir.


Special Cases