Ocho años tuvieron que pasar para que Divididos se reencontrara con la fanaticada nacional. Ante un Teatro Caupolicán repleto, miles de fanáticos eufóricos esperaban la gran noche donde la aplanadora del rock hizo de las suyas en un poco más de dos horas de rock a la vena.

Daban las 19:00 horas y se abrían las puertas del recinto de San Diego, donde paulatinamente comenzaba a entrar la gente que tendría que esperar unas escasas dos horas para volver a escuchar a los argentinos. 

Banderas, lienzos y cánticos eran el panorama que se vivía a la espera de la Aplanadora, donde ya aproximándose la llegada del show ya comenzaba a repletarse y a mostrar una postal memorable.

Ya pasadas las 21:10 horas, se apagan las luces y entran de a uno a escena, saludando al público, sin presentaciones ni etiquetas. Catriel Ciavarella tan enérgico como siempre con una polera de Allende y sentándose tras la batería para dar los primeros golpes, lo mismo con Ricardo y Arnedo, que se posicionaron en el escenario hasta que Ricardo Mollo comandando el ataque nos incita a adentrarnos a esta experiencia llamada Divididos.

Con una fanaticada eufórica, más de lo normal debido a esa casi década de ausencia, demostraron con cánticos el amor que sienten por ellos. Se comenzó a desatar la algarabía, abriendo con “Cabalgata”, seguida de “Casi Estatua y “Tanto anteojo”, el público coreaba a todo pulmón, ya era una fiesta, tanto la banda como el público dando toda la energía en una verdadera fiesta del rock. Y la energía no se detuvo ya que apabullaron con “Alma de budín” y luego “Tengocover de el gran Sandro. A esta altura el teatro era un karaoke.

Entre los mínimos momentos que la banda paraba entre canción y canción, la gente no perdía el tiempo y coreaban cánticos hacia la banda, los músicos se notaban emocionados y felices de volver a estar frente a los fans chilenos, que como buen concierto de rock corean hasta los riffs.

Luego sometieron el poderío más pesado de la banda con “Salir a asustar”, Azulejo y Sábado”, no dando descanso al público que recepcionaba de muy buena forma cada canción de los trasandinos. Para bajar un poco la estridencia de las guitarras, pero no así la intensidad, viene la grandiosa “¿Qué ves?”, que fue un verdadero coro al unísono, siendo uno de los muchísimos puntos altos de la noche.

A continuación nos sorprendieron con la canción “La rubia tarada”, un clásico de Sumo, su primera placa, desatando la nostalgia de todos los asistentes fanáticos de la banda. Luego nos atropellaron con un rockatazo a mil por hora con “Rasputin”, dando así paso -por decirlo de una forma- a la primera parte del show, donde no dieron respiro y demostrando por qué los llaman la “Aplanadora”. 

El público asistente seguía extasiado, los ocho años a esta altura no estaban siendo en vano, la gente quería más. Otro punto de los más altos y ya un clásico de la banda aparecía, “Spaghetti del rock”, que la gente cantaba con pasión y cómo no si es un temazo de aquellos. Luego la emociónate “Par Mil”. Este dúo de canciones del “Narigón del siglo”, son clásicos indiscutidos de canciones lentas del rock latinoamericano. 

Con “Huelga de amores” y luego de un solo de batería de Catriel (qué bestia tras la batería es este hombre), demostró toda su capacidad y groove, dando paso a al gran y otro clásico indiscutido del blues rockEl Arriero”. La atmósfera se transformó en admiración hacia la aplanadora, donde Ricardo con su voz profunda y solo de guitarras lleno de pasión, los presentes quedamos ya rendidos frente a su maestría.

Ya en la mitad del concierto, en un momento un asistente le pasa una zapatilla, donde Mollo tocó un solo con ella. Todos alucinamos ante su virtuosismo y versatilidad.

Entrando ya en tierra derecha, ametrallan con “Salir a comprar”. Llegó otro homenaje y en esta ocasión a Pappo, donde Ricardo lo declara una de sus influencias desde sus primeros inicios como guitarrista tocando “Sucio y desprolijo”, en donde la gente respondió con mucha energía, cabeceo, saltos: ya era una locura lo que se vivía en el Caupolicán.

“Amapola del 66”, Paisano de Hurlingham y “Paraguay”, un tridente de canciones intensas, emocionantes y como el resto de la noche coreadas a más no poder. 

De aquí en adelante, lo que se vendría a continuación hasta el final sería una fiesta, un desahogo y sería una bomba a punto de estallar. “Cielito Lindo”, un clásico, un himno de la música mexicana, interpretada de maravilla por la banda hasta un corte, donde la cancha se transformó en un campo de batalla que hasta se escuchó a personas decir “Ya, a la vida” y “Adiós”. Metiéndose a un mosh descomunal, donde “Cielito lindo” se transformó en una canción punk rock, ya esta bomba estaba explotando. Los aplausos no se hacen esperar, viniendo ya la última parte del show con “El 38”, luego dando paso a la muy querida y rockera incombustible “Ala Delta”, una de las más coreadas a todo pulmón, de las más disfrutadas, donde la euforia de la gente se hacía notar hasta esa “Chica en el cielo todo el tiempo…” , la masa de gente de la cancha del Caupolicán era una sola saltando, dándolo todo.

Ya en el final del show, cerraron con dos canciones potentísimas de Sumo: “Crua Chan” y “El Ojo Blindado”, desatando una fiesta que dieron paso a dos sucesos ya casi final, donde a Arnedo no le funciona el sonido del bajo, tomando con humor y mostrando su bajo o tocando sin la electrificación de esta. Posteriormente detuvo la canción ante un problema ocurrido en el sector derecho de la cancha cercano a la reja, donde Ricardo fue a ver qué sucedía. Lo bueno que no pasó nada y terminaron de tocar las canciones que ya anunciaban el fin del concierto, donde al último Arnedo y Catriel tocando y Ricardo bajando donde está la reja saludando a la gente. Cerrando así un espectáculo memorable, que quedará en la retina de todos los asistentes que presenciamos a la “Aplanadora del Rock” con un sonido potente, sin fallas, donde todos sus integrantes estaban en estado de gracia, demostrando una vez más su maestría sobre los escenarios. 

Esperamos que no pasen otros ocho años para volver a verlos ya que después de este magnífico show quedó claro que el lazo entre la fanaticada chilena y Divididos se mantiene intacto hasta la médula.

La galería completa del show la puees ver aquí ↓:

Fotografías por Ricardo Byr para Rock Legacy Webzine ®

 

Galería | Divididos en Teatro Caupolicán

 

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