En plena primavera, con un clima que le hacía honor al nombre del evento, se dio el vamos a la primera pata de lo que es el inmenso festival Primavera Sound, en una jornada que bien podía haber sido un festival por sí mismo, dados sus tremendos exponentes.

Puntuales, Niños del Cerro suben al escenario a las 18:30, con una base batería-bajo que sostiene todo antes de la inminente explosión. El sonido grave se abomba al empezar, pero se va corrigiendo, y el comienzo crece poco a poco, lo que ayuda a que todo se entienda bien. Los arpegios y riffs aguantan efectos y murallas de guitarra envolventes, a lo cual también contribuye el teclado.

La primera tanda es sin pausa, con las guitarras espaciales de Ignacio Castillo formando puentes entre un tema y otro, dejando a Simón Campusano llevar los acordes y rítmicas principales, tomando la batuta, haciendo solos llenos de belleza ruidosa en ciertas instancias, entrando en trance y liderando la locura que se genera en canciones como la excelente “Flores, Labios, Dedos”. Antes de esta canción, tuvimos en escena a un saxofonista invitado, quien enriqueció el tema transformándolo en una pieza de oro.

La banda se encuentra promocionando su disco “Suave Pendiente”, editado hace menos de una semana. De hecho, por ahí alguien pide un tema a gritos, negado por Simón, quien dice que prefieren tocar temas nuevos. Hacia el final, hay aplausos muy entusiastas de parte de un Movistar Arena casi a la mitad, que cayó rendido a los pies de los chilenos.

Cat Power lleva años forjando su identidad, y ha logrado tremendos resultados. A las 19:15 comienzan a sonar las primeras notas de su show, gracias al teclado y a un sensual “Hola Santiago” de parte de Chan Marshall, a modo de saludo. Sus composiciones son intensas y profundas, a veces suena más íntimo y minimalista, pero también da paso a canciones que suenan más rockeras y con una progresión de acordes que sigue entregando ese misterio característico.

“Manhattan” es pura electrónica volátil, de la escuela de Kid A de Radiohead, hipnotizando y atrapando a una audiencia ya cautiva. La cantante no es enérgica en sus movimientos, pero sí bastante comunicativa y agradecida.

En “He Was a Friend of Mine” armoniza de gran forma con el tecladista quien ahora tiene una guitarra colgada. Hacia el final, entrega sentidos mensajes a la audiencia, mientras los últimos acordes emergen potentes. Aplauso total de parte de un público que se entregó y disfrutó.

Ya en la última mitad, al son de MC5, Jack White toma su lugar en escena luego de ingresar corriendo, en un derroche de energía inmediato, efusivo y que se mantendría durante todo el show. “Taking Me Back” da el vamos, y el sencillo de su disco “Fear of the Dawn” prende a todos. La gente salta y el clímax no se hace esperar, no existe dosificación. Suena la que da el título a este disco, para luego disparar “Black Math”, primer tema de los White Stripes durante la noche, la cual desata una locura sin igual.

Es claro que Jack White ama la estridencia del rock and roll, se esfuerza en que sus guitarras suenen bañadas en fuzz y en que su voz tan característica no sólo cante, sino que también lance alaridos al borde de la disonancia. Recién en “We’re Going to Be Friends” el volúmen baja, arpegio en guitarra electroacústica y acompañado solo por el contrabajo, en otro corte de su afamado dúo con Meg White. 

“If I Die Tomorrow” agrega un teclado psicodélico, antes de soltar la gran y muy celebrada “Icky Thump”. “Lazaretto” suena y rememora al debut de Jack en solitario, cuando sorprendió con un gran tema que nos mostró de lo que era capaz. Las canciones crecen en vivo, se llenan de nuevos arreglos adquiriendo vida propia, con el gran director de orquesta que es Jack White, secundado por músicos alucinantes como son Dominic Davis en bajo, Quincy McCrary en teclados y sobre todo el descomunal Daru Jones en batería, quien golpea como nadie y llena los temas de originales fills con su particular forma de golpear los tarros. Como bien me señala un amigo, hay una frescura única en cada versión de los temas, arrasando cual tromba por nuestros oídos. 

El último tema es el mayor himno creado por la mente maestra, “Seven Nation Army”, con un coro multitudinario, donde todos se entregan y le dan nueva vida a este clásico. La batería al final tiene un sabor y texturas únicas, culminando en éxtasis una jornada primordial y una clase de cómo actuar en vivo.

Los Pixies suben a escena y ya con su presencia dejan en alto el ambiente. No hacen un show parafernálico, pero tienen un oficio que los hace pararse donde sea como dueños totales y afianzados en lo talentosos que son. La puesta en escena es simple, pero todo el Arena está enganchado, y es que son una banda seminal e imprescindible que representa muy bien ese espíritu jóven, alternativo y disconforme de la primera mitad de los 90’.

“Gouge Away” es una fantasía hecha realidad para los fans del clásico “Doolittle”, quienes no tienen respiro al escuchar “Bone Machine” y “Break My Body”, de otro disco clásico como es “Surfer Rosa”. Y para terminar de subirlos a todos a esta increíble noche, la potente “Debaser” pone la guinda de la torta a un comienzo ganador.

Una banda alternativa con un cancionero convertido en himno sólo puede emocionar a una audiencia como la de esta jornada. La locura de “Isla de Encanta” y la melodía de “Monkey Gone to Heaven” representan muy bien a gran parte de la música de Pixies, y son vividas a concho por cada uno de los asistentes.

La lista de canciones suma y sigue, cambia de ánimo, baja y sube y nos toma con maestría, gracias a la interpretación soberbia de Black Francis, tanto en guitarra como en voz, con su característico timbre y talento. David Lovering tiene el touch preciso, que potencia toda la sonoridad de la banda, mientras que Joey Santiago arremete feroz en sus solos y líneas melódicas espaciales y distorsionadas. Juega con los ruidos de sus efectos y su cable desconectado, y con todo lo que le permita estremecer. Y el aporte de Paz Lenchantin es de total conexión, es la pieza que logra unir puentes con su bajo y su bellísima y sensual voz. 

Temas como “Caribou” y “Velouria” son joyas para los fanáticos, que ven como Black Francis se va colocando la guitarra electroacústica para dar otro sabor a las canciones restantes. “Cactus”, la esperadísima “Here Comes Your Man” y la siempre emocionante “Where Is My Mind” terminan de volar cabezas. Con “Winterlong”, un cover de Neil Young, Pixies cierra un concierto emocionante, profundo y que puso las piezas quebradas de cada oyente en su lugar. Interpretación maestra, que cerró una jornada potente y única. El comienzo de la primavera fue con todo.

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