De a poco comienzan a moverse los escenarios chilenos, que anuncian una lluvia de recitales para este 2024. Este viernes 26 de enero fue el turno de Paul Di’Anno, vocalista de los dos primeros discos de estudio de Iron Maiden, el homónimo y “Killers”. Una leyenda que nos ha visitado en varias ocasiones, pero que todo fanático de la doncella de hierro debiera ver alguna vez. Eso, y el morbo de ver cómo saldrá su show, son ingredientes constantes de esta aventura. Y salió bien, pero vamos por parte.

Los encargados de abrir el show son los experimentados Enigma, quienes ya pasaron las tres décadas de vida y siguen mostrando carácter y calidad sobre los escenarios. Desde el comienzo con “El Camino del Dolor” tuvieron una gran recepción y una excelente performance, mientras el sonido iba de menos a más. Sirvientes del Dinero fue la siguiente y una emocionante “El Lado Oscuro del Cielo” terminó por echarse al público al bolsillo. La influencia de Maiden está muy presente en la música de Enigma, ellos mismos lo comentan y declaran estar felices de decir presente esta noche. La gente también está feliz de presenciar una gran presentación, de un gran nivel técnico y oficio, como queda demostrado en “La Marcha del Fuego”.

Llega el momento de los clásicos con “Hijos de la Calle”, para después dar paso a “Sacrificio”, otro clásico del disco “Voces Disidentes”. También interpretan una muy enérgica y pesada versión del tema que da título a ese disco, el cual ha sido recientemente editado en vinilo para alegría de todos los fanáticos. En medio presentan un tema nuevo llamado “El Señor de los Infiernos”, una sorpresa, un gran tema que fue muy bien recibido por el público. Así, llegan al final de la presentación con “Inquisidor”, otro clásico, que muchos corean y que dejó el ambiente encendido en el Club Subterráneo.

Con un recinto colmado, los experimentados Genghis Khan, histórica banda tributo a Iron Maiden, dieron inicio a la presentación con “The Ides of March”, mientras Paul Di’Anno saludaba y se preparaba en el centro del escenario, en la silla de ruedas en que se encuentra hace más de una década. El público se mostró eufórico desde un inicio, explotando con los primeros acordes de “Wratchild”, aquella canción que el propio Bruce Dickinson reconoce como su favorita de esta etapa. El sonido nuevamente se abomba un poco y debimos esperar que fuese mejorando con el pasar de los minutos. Paul entregaba su mayor esfuerzo, y por supuesto que a ratos dejaba cantar al público. Mal que mal sus limitaciones físicas son conocidas por todos, y aún así, ofreció una interpretación potente, en su estilo sucio que ha cautivado a muchas generaciones de metaleros.

Las intervenciones del cantante son para saludar, agradecer y sin repartir odio como años antes. La única frase de este tipo que se recordará, será cuando grita “I fuckin’ hate reggaeton!” previo a sonar “Sanctuary”. La ovación, risas y gritos de apoyo así lo denotan. “Charlotte the Harlot” generó un coro estruendoso, al igual que “Murders in the Rue Morgue”. La tremenda “Remember Tomorrow” se la dedicó a Clive Burr, baterista de Maiden en los discos donde estuvo Paul (además del “The Number of the Beast”) y quien falleció el 2013. Emocionante segmento, con una banda siempre excelente y Paul Di’Anno entregándose por completo. Suena “Ghengis Khan” y en “Killers” el vocalista sigue dándolo todo, exigiéndose hasta llegar a sus propios límites.

Una genial (y adelantada a su época) “Phantom of the Opera” desató nuevamente la euforia del público, con un bajo sonando muy presente, y es que en general se extrañó el sonido del golpe de este instrumento, tan característico en Steve Harris, pero difícil de percibir en este recinto. Última parte del show, y la energía no para de subir. Durante “Purgatory” se formó un gran mosh, mientras Paul fumaba, pasándose por donde quiso las nuevas normas para este tipo de eventos. En “Transylvania” aprovechó de descansar y animar a la gente, en una posición en que parecía no sólo reposar, sino intentar absorber la energía del ambiente, disfrutando cada momento como si fuera el último. Y es que con tantos problemas de salud que ha debido afrontar, realmente puede serlo.

“Prowler” está entre lo más destacado de la primera época de Maiden, y la sola aparición de sus riffs y fraseo característico hizo delirar a la gente. Por todo lo que hemos mencionado, “Running Free” suena majestuosa y significativa, y como no podía ser de otra forma, el final llegó con “Iron Maiden”, con el público cantando a todo pulmón, agitando sus puños en alto, y Paul agradecido, abandonando el escenario, dejando atrás su mesa llena de alcohol, esperando seguir viviendo la vida del rock and roll hasta que ya no de más. Una visita con gusto dulce, pero también con sabor a despedida. Una bestia legendaria entregando todo en sus últimos gritos.

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